Cuento – Austria: Mi novio de ojos azules – Parte 1

Austria: Mi novio de ojos azules

RESUMEN: Sentada en una banca en el medio de un parque, una chica conoce a un joven viajero austriaco con un aura renovadora, una energía pura y una paz en el alma, que rápidamente cruzaría fronteras en su corazón. Ella no estaba esperando lo que pasaría esa noche.


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Austria: Mi novio de ojos azules

– Parte 1 –

⎯ Quiero un novio con los ojos azules

Aquellas eran las palabras que le escuchaba decir todos los días, como un mantra, a mi mejor amiga, desde que empezó nuestra amistad, prácticamente desde que tengo memoria para recordar… Incluso, estoy segura que mucho antes de eso. Seguramente lo pensaba aun cuando todavía estábamos en pañales. Realmente no había un día que no mencionara a su futuro novio de ojos azules.

 

Juro que ahora siento cierto desdén por los ojos azules, después de tanto escuchar su súplica al Universo y es que la verdad, yo no le veía el gran esplendor, ni el alboroto, para mí, era sólo un color más, al igual que el verde, o el café o el negro, aunque tal vez el negro no contaba, ya que es la ausencia de color y no un color per sé.

Pero mi parecer cambió abruptamente cuando conocí a Philip. El austriaco con los ojos azules más peculiares que jamás había visto. Primero, porque para notar su color debías acercarte a él, ya que eran tan oscuros que se confundían fácilmente con ojos café, si no estabas a la distancia suficiente, pero acercarme a él no era una tarea que me molestara en absoluto… Aunque no me adelantaré, ya llegaremos a eso.

 

Tenía la costumbre de salir sola al parque y sentarme a ver a la gente pasar, mientras me hundía en mi propia inmensidad, creando historias para cada uno de los individuos que se cruzaban con mi visión, regalándoles una segunda vida.

“Ella seguro duerme al revés.”

Pensé mientras veía caminar a una señora que llevaba un inusual vestido con un llamativo estampado de leopardo.

“¿Cómo puede salir a la calle así? Más bien pareciera que se hubiera comido un leopardo…”

Todos, absolutamente todos, hemos criticado con nuestro pensamiento a alguien alguna vez durante nuestras vidas, por muy insignificante que fuera la crítica, así que no me preocupaba demasiado porque mi rostro levantara sospechas cuando miraba a alguien; en el peor de los casos sólo sonreiría y pondría mi mejor cara de póquer.

Póquer.

Saqué mi teléfono de la cartera y abrí mi aplicación favorita para jugar póquer, así mataría algo de tiempo y haría dinero apostando unos cuantos dólares, aunque realmente no sabía por qué quería matar el tiempo, si en verdad no tenía nada más que hacer esa noche.

No quería tener más nada que hacer esa noche.

 

Mi jefe había sido un completo imbécil ese día y me había hecho entregarle cuarenta propuestas para el diseño de un nuevo museo en el que trabajábamos… Nada raro en él.

⎯ Cámbiale el color a esa pared… Sabes que no me gusta el morado, pónselo azul.

Era más irritante que estornudar cuando tienes cólicos.

Torcía los ojos mentalmente, tratando de no dejar mi mano salir volando premeditadamente hasta encontrarse con su quijada. Osvaldo me tenía enferma, literalmente enferma, con los absurdos cambios que me retrasaban en mi trabajo y con miles de versiones de planos que me pedía, para luego desecharlas y tomar la primera que había hecho.

Había bajado mucho de peso debido a la presión, me saltaba comidas y estaba frecuentando a la dermatóloga por una reacción alérgica que tuve debido al estrés.

Pero ese día, ese día en particular, Osvaldo se había pasado de la raya. Le había hecho cuarenta muestras, cada una con un cambio más insignificante que el anterior y nada lo hacía feliz, me sentía como una inútil que no sabía hacer su trabajo… Osvaldo me hacía dudar de mi talento como arquitecta… Me hacía dudar sobre mi vocación. Aquello era grave.

Así que esa noche trataba de despejar mi mente y no pensar en él.

Mi misión era evitar a toda costa rellenar los espacios libres de mi mente con amargos recuerdos de su persona.

Osvaldo tenía los ojos azules, pero no pensaría en eso.

 

Continué jugando tranquilamente en mi teléfono y acomodé las piernas sobre la banca del parque en la que estaba sentada, me dolía un poco la espalda por pasar tanto tiempo en la misma posición y por haber estado sentada todo el día diseñando para Osvaldo.

No más Osvaldo, ¿está bien?

A veces necesitaba abofetearme mentalmente para regresar a mi estado zen.

Me estiré sobre la silla y escuché mis articulaciones tronar.

Eso se sintió bien.

Eso siempre se sentía bien.

 

Dejé de prestarle atención a la gente que iba y venía y me concentré en el juego, no me estaba yendo muy bien, debo confesar, las cartas no tenían buena sintonía conmigo esa noche.

Sentía cómo el mal humor comenzaba a hervir lentamente dentro de mí.

Acababa de perder diez dólares.

Argh.

Adiós a mi manicura el fin de semana. Tendría que hacerme las uñas en casa el sábado por la mañana.

⎯ Hola.

Una desconocida voz me sacó de mi ensimismamiento.

Me puse en pausa en la mesa de póquer para la siguiente mano y desconecté la mirada con mi teléfono.

¿Quién era el impertinente que me interrumpía?

Tal vez alguien que conocía y sólo quería saludar.

O tal vez era Osvaldo que venía a torturarme antes de irme a dormir.

¡No más!

A veces pensaba en Osvaldo más que en mí misma.

 

Perfección.

Su cara era hermosa. Como la de un modelo de revista. Sus hombros eran anchos y fuertes, pero su mirada era dulce y sencilla.

Y sus ojos eran azules.

⎯ Hola ⎯ le respondí al inesperado joven frente a mí.

¿Quién era ese?

⎯ ¿Sabes dónde queda el restaurante La Tratoria?

 

Que guapo es.

Su cabello era negro y escondía suaves rizos con su gorra color crema.

¿Quién rayos usa gorra de noche?

Aparentemente él.

No sabía si debía confiar en una persona que usaba gorra en la noche… ¿Por qué alguien haría eso?

Ni siquiera quería abrir la puerta para discutir conmigo misma ese tema.

 

Además, tenía sus gruesos labios y sus bien definidas mejillas para distraerme de esos ridículos pensamientos.

⎯ Es ese ⎯ señalé justo frente a nosotros con el dedo índice.

⎯ ¿El que no tiene nombre?

⎯ Sí, es un poco extraño… Pero te juro que ese es ⎯ sonreí.

Él sonrió de vuelta.

Um… Su sonrisa era linda y al mostrarla su rostro resplandecía. La genética había sido muy generosa con él.

Su cara era perfectamente simétrica.

Me preguntaba de dónde sería y qué estaba haciendo allí.

⎯ Nunca lo hubiera encontrado ⎯ dijo sin ponerle mucho empeño a sus palabras.

⎯Tranquilo, no eres el primero al que le pasa.

⎯ ¿Por qué no tiene nombre?

Su acento es fuerte y sus ojos son azules… A mi mejor amiga le encantaría.

⎯ No lo sé… Supongo que es parte del encanto.

⎯ ¿Es bueno el lugar?

⎯ Sí, mucho… Las pizzas son deliciosas.

⎯ Lo tendré presente… ¿Me recomiendas alguna?

⎯ Um… La pizza de salmón es muy buena.

Por la forma en cómo frunció el entrecejo y la expresión del resto de su rostro asumí que no le agradaba la combinación… Tal vez era italiano y seguía fielmente la costumbre de no mezclar lácteos con los frutos del mar.

⎯ ¿No te convence?

Negó con la cabeza.

⎯ Para nada.

⎯ Bueno, tú preguntaste…

Él era muy alto y me comenzaba a doler un poco el cuello al tener que ver hacia arriba para hablarle, pero admirar sus gruesas cejas negras y sus delicadas pestañas hacían que la molestia valiera la pena.

⎯ Creo que probaré algo más tradicional… Tal vez una pasta.

⎯ Todo es bueno, lo que pidas te gustará. Estoy segura.

⎯ ¿Quieres acompañarme?

Eso fue raro.

⎯ ¿A cenar?

⎯ Sí.

Fruncí el entrecejo extrañada por la pregunta; nunca me había pasado algo así.

¿Por qué confiaría en alguien que usa gorra de noche y además invita a desconocidas a acompañarlo a cenar?

Traté de no pensar mal de él, tal vez se sentía solo en una tierra extraña.

⎯ Ni siquiera sé cómo te llamas ⎯ le respondí.

⎯ Soy Philip ⎯ dijo casi al instante, mostrándome una vez más su tranquilizadora sonrisa.

Tal vez su gorra era un verdadero problema de lógica para mi cerebro, pero su expresión serena hizo que se esfumara por completo.

⎯Y tú, ¿cómo te llamas?

Pensé en darle un nombre falso, como hacía cuando tomaba un taxi y el taxista me preguntaba mi nombre. Además, aquella podría ser mi oportunidad para auto regalarme una segunda vida como lo había hecho cientos de veces con muchas personas mientras las veía pasar. Podría tomar la identidad que quisiera y aparentar lo que se me ocurriera, sin embargo, el brillo de esos ojos azules y la manera tan calmada como me miraba, sólo me provocaban decir la verdad.

Aún no lo conocía, pero él no se merecía una mentira.

Le dije mi nombre real. Sinceramente quería conocer más a Philip.

⎯ Tienes un bonito nombre ⎯ dijo.

⎯ Gracias.

⎯ Y… ¿Te gustaría acompañarme a cenar?

⎯ Ok.

Esa respuesta me salió tan natural y descomplicada, que me asusté de mi misma, pero Philip tenía algo que me hacía sentirme relajada. Su aura era tan serena que me contagiaba tu paz.

Me levanté de la silla y recogí mis cosas.

Noté que Philip me miraba, casi examinándome de arriba abajo y la verdad, ese día daba algunos motivos para mirar. Llevaba un skinny jeans oscuro que moldeaba exactamente las partes que debían ser moldeadas, una correa dorada marcaba mi cintura y un suéter negro dejaba ver uno de mis hombros, el que tenía un gran lunar que me encantaba exhibir.

⎯ Guao ⎯ dijo él.

⎯ ¿Qué pasa?

⎯ ¿Vas de fiesta hoy?

⎯ No, ¿por qué?

⎯ Estás muy arreglada.

⎯ ¿Te parece?

Ese día me sentía bien conmigo misma, y el tono de su voz revelaba que estaba más incrédulo de lo que yo pensaba.

⎯ ¿Vienes del trabajo? ⎯ Preguntó aún curioso por mi atuendo.

⎯ Sí.

⎯ Guao… Las chicas en Austria no se visten así nunca para ir al trabajo… A menos que trabajen en fashion.

Sonreí. Eso había sido un piropo muy discreto.

⎯ ¿Eres de Austria?

⎯ Sí; soy de Völs.

Eso explicaba el acento.

Philip debía ser más joven que yo, su piel blanca tenía un ligero tinte rosado que no le permitía ocultar su juventud, pero eso no importaba, él comenzaba a agradarme.

⎯ ¿Y qué haces aquí?

Pregunté mientras dábamos unos pasos hacia el restaurante, podía escuchar mis zapatos dorados de tacón sonar contra el piso, al mismo tiempo que el dolor comenzaba a retumbar en la punta de mis dedos y en la planta de mis pies, después de todo, los había llevado todo el día.

⎯ Estoy viajando antes de regresar a la universidad.

⎯ Um… Disculpa, ¿te molesta si vamos primero a mi auto para cambiarme los zapatos?

Si quería sobrevivir una hora más, necesitaba bajarme de los tacones de aguja.

⎯No, para nada ⎯ dijo esbozando una sonrisa ⎯ … Si necesitas ayuda te puedo cargar.

Pasó su mano ligeramente por mi cintura, apenas fue un roce, como el de una pluma cayendo al vacío, pero lo sentí hasta los huesos, hasta los cabellos, hasta mis uñas lo habían sentido.

 

Una repentina electricidad.

 

Eso fue lo que sentí cuando él tuvo sus dedos por mi piel por tan solo un par de segundos.

Creo que él también la sintió.

Me sonrojé y sonreí, pero me alejé un poco de él, estaba apenada, así que sólo agaché la cabeza y sonreí.

Creo que él se dio cuenta de mi gesto porque me miró de una forma diferente por un momento, como examinando mis reacciones mientras caminábamos. Me estudiaba con esos ojos azules que perforaban hasta mi alma.

⎯ ¿Está lejos tu auto?

⎯ No, ya falta poco ⎯ dije entre tontas risas.

Por un momento perdí el control sobre mí misma.

⎯ ¿De qué te ríes?

⎯ No lo sé.

Volvió a rozar mi cintura, esta vez se atrevió a dejar su mano por un rato más.

 

Chispas.

 

Casi podía sentir cómo salían chispas de sus manos que poco a poco se entrelazaban con los nervios de mi piel. Todo mi cuerpo temblaba ligera y casi imperceptiblemente, algo así como cuando sales del agua fría al fresco.

Nos detuvimos un momento y volteé a verlo.

¿Quién era ese austriaco? ¿Quién era Philip?

Quise decir algo, pero me arrepentí, así que solo compartimos una sonrisa y nos volvimos a separar unos centímetros.

⎯ Allí está mi auto.

Señalé el deportivo blanco estacionado en toda la esquina de un viejo lote que el gobierno había convertido en un pobre intento de estacionamientos, por el que cobraban demasiado para no tener si quiera un piso asfaltado.

⎯ Es un lindo auto ⎯ dijo el austriaco ⎯. ¿Es alemán?

⎯ Sí, era mi de papá. Me lo regaló para mi cumpleaños el año pasado.

⎯ Son buenos autos los alemanes.

⎯ Pensé que Alemania y Austria tendrían conflictos.

Él rio poderosamente.

⎯ No, para nada. Somos amigos… De hecho, mi mejor amigo es alemán.

⎯ ¿Vino contigo en este viaje?

⎯ No, pero fue él quien me recomendó La Tratoria; él estuvo aquí el año pasado.

⎯ ¿Y por qué no vino contigo? ⎯ Pregunté mientras entrábamos al auto.

⎯ Me gusta viajar solo… Así conozco gente.

⎯ Como me conociste a mi…

Sonrió ampliamente.

Tenía una conexión natural con Philip, me sentía plácida, como después de haber dormido toda una noche para despertar y recibir al más hermoso de los amaneceres.

Era tan fácil como nadar para un pez en el agua.

Él volvió a mirarme fijamente mientras estábamos sentados adentro del auto, si existieran los besos con las miradas, creo que en ese momento nos estábamos besando, pero él no se movió ni un milímetro, ni yo tampoco. Aún era muy pronto para intimar con el contacto físico, pero eso no nos impedía disfrutar del agradable momento.

 

Hacía calor.

 

Estábamos adentro de un auto apagado y el dióxido de carbono que emitían nuestros cuerpos comenzaba a hacer estragos.

⎯ ¿Vamos a comer?

⎯ Me leíste la mente.

Rápidamente me cambié los zapatos por unos más cómodos y sentí un gran alivio, después de haber usado todo el día mis tacones dorados, unas sandalias eran mi mayor satisfacción, en ese justo momento, creo que la sensación era mejor que estar con Philip.

 

Exageraba y mucho.

En ese momento nada se comparaba con caminar del fornido brazo del austriaco de un metro ochenta que me llevaba orgulloso por las calles de mi ciudad.

Se notaba que hacía ejercicio a diario, su físico era impecable. El deporte le asentaba muy bien.


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CALIFICACIÓN:

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  1. Maria Eugenia Barrera says: Responder

    NOOOO PUEDE SER QUE TERMINE ASÍ 🙁 ESPERO UNA TERCERA PARTE 🙁

    5
    1. ritchieccl says: Responder

      No te preocupes. No termina así. La siguiente parte está aquí:
      https://ritchiecclancaster.com/cuento-corto-austria-mi-novio-de-ojos-azules-parte-2/

      Aunque si descargas el cuento ahora podrás leerlo completo.

      0
  2. Vanessa Muñoz says: Responder

    Muy bueno *-*

    5
    1. ritchieccl says: Responder

      Me alegra que lo hayas disfrutado <3

      0
  3. Marieloz Montes says: Responder

    Increibe <3 <3 Amo este cuento, me has dejado con las ganas del siguiente capitulo!

    5
    1. ritchieccl says: Responder

      El próximo capítulo ya salió, Marieloz. Puedes leerlo aquí: https://ritchiecclancaster.com/cuento-corto-austria-mi-novio-de-ojos-azules-parte-2/

      Igual, si descargas el cuento ahora podrás leerlo completo.

      0
  4. Angela Trejo says: Responder

    Dejeme decirle Ritchie que me encanta!!!!! Espero con ansias la parte 2 de “Austria: Mi novio de ojos azules”. <3 <3

    5
    1. ritchieccl says: Responder

      Me alegra que te haya encantado, Angela 🙂
      La siguiente parte está aquí: https://ritchiecclancaster.com/cuento-corto-austria-mi-novio-de-ojos-azules-parte-2/

      0
  5. Noemi Amancha Zambrano says: Responder

    Hola! Me pareció muy hermoso, me encantan las historias románticas, sigue haciendo más cuentos así, hacen volar el corazón de las personas y que sueñen con un novio de ojos azules 😍 ! Saludos y Bendiciones!

    5
    1. ritchieccl says: Responder

      Awmmmm :3 Gracias, linda 🙂

      Estoy segura que tu novio de ojos azules está en algún lugar, sólo debes abrirte a las posibilidades… Sus ojos hasta podrían ser verdes o cafés 😉

      Vendrán más historias. De hecho, la próxima semana sale una nueva.

      Gracias por tomarte el tiempo de leerme.

      Un abrazote.

      0
  6. Helilu Lu says: Responder

    Me gustó mucho, imaginé cada escena de una manera muy espectacular tal cual lo escribías, me encantó y sigue escribiendo de esa forma tan brillante..

    5
    1. ritchieccl says: Responder

      Awmmmm :3 Gracias, linda 🙂

      0

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