Cuento – Austria: Mi novio de ojos azules – Parte 2

Austria: Mi novio de ojos azules

RESUMEN: Sentada en una banca en el medio de un parque, una chica conoce a un joven viajero austriaco con un aura renovadora, una energía pura y una paz en el alma, que rápidamente cruzaría fronteras en su corazón. Ella no estaba esperando lo que pasaría esa noche.


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Austria: Mi novio de ojos azules

– Parte 2: El catalizante –

 

⎯ ¿A dónde me quieres llevar?

⎯ A mi lugar favorito en todo el mundo.

⎯ Me encantará conocerlo ⎯ dijo sonriendo ampliamente ⎯. ¿Está lejos de aquí?

⎯ No, de hecho, podemos ir caminando.

⎯ Perfecto.

⎯ Pero hay una condición para llevarte.

Philip frunció el entrecejo.

⎯ ¿Cuál?

⎯ Tienes que probar mi pizza de salmón.

Él comenzó a reír tontamente, con duda en su mirada.

Sus ojos azules dudaban.

⎯ Es en serio ⎯ dije sin titubear ⎯. A menos que me digas que eres alérgico al salmón, lo cual dudo mucho, si no, no me hubieras besado, no tienes excusa para no probarla al menos.

⎯ Me atrapaste.

Sonreí ampliamente, mientras Philip hacía un quejoso puchero, resaltando sus carnosos labios, como reclamándome en silencio por la condición que le había impuesto.

Juzgaba mi pizza con su fija y perturbada mirada, como si examinara cada milímetro de la torta de pan, buscando la menor imperfección e inventar un pretexto para zafarse de la situación.

⎯ No te salvarás ⎯ dije en broma.

⎯ ¿Y si muero?

⎯ No vas a morir ⎯ respondí jocosamente apoyando mi mano sobre su antebrazo ⎯. Te lo aseguro.

⎯ Si muero, al menos prométeme que encontrarás la forma de avisarle a mi familia en Austria… El número de mi mamá está en mi teléfono.

Asentí sin dejar de sonreír.

⎯ Le dejaré saber que moriste feliz en América Latina, comiendo una deliciosa pizza de salmón… No te preocupes.

⎯ En serio eres muy graciosa.

Y me besó, casi como buscando llenarse de valor antes de cumplir con mi reto. Los labios de Philip eran cada vez más dulces, como caña de azúcar y limón y aunque me energizaban, al mismo tiempo me desgastaban, como si con cada contacto hubiera una poderosa reacción que nos consumía.

Asió mi cintura con una mano, mientras me impregnaba de su esencia con sus agotadores y sedosos labios. Sentía que una parte de mi alma resplandecía cuando nos combinábamos con una coherencia inexplicable.

 

Química.

Era lo único que podía desbaratar el enigma de la aceleración que sentía al dejarme llevar por su ligero toque, como el de las pinceladas sobre el lienzo. Juro que podía sentir todo mi cuerpo estremecer, con tan solo un beso. Podía sentir los agitados latidos de mi corazón, que se sintonizaban con los de él, pero debía tener presente que aún seguíamos en la terraza del restaurante y no quería sobrepasarme en el espectáculo.

 

Cortamos la conexión al separarnos, y por un segundo creí ver un haz de luz dibujar un camino incandescente desde su boca hasta la mía, pero creo que no era más que el brillo de sus ojos azules con la iluminación artificial de aquél lugar.

⎯ No trates de distraerme… Sé lo que estás tratando de hacer.

⎯ Me atrapaste otra vez ⎯ dijo risueño, acariciando mi mejilla.

⎯ Sólo pruébala… Sé que te va a gustar, es muy buena en verdad.

⎯ Ok… Aquí vamos ⎯ dijo tomando el último trozo de pizza sobre mi plato.

Abrió su boca y se permitió saborear la combinación entre el salmón y el queso mozzarella y por su inmediata reacción, pude ver que después de todo era de su agrado.

⎯ Um… Realmente es muy buena ⎯ dijo volviendo a morder.

⎯ Te lo dije… Me encanta cuando tengo razón.

⎯ Y a mí me encanta cuando sonríes así.

 

Una fresca brisa atrajo flores de los árboles a nuestro alrededor con su soplar, rozándonos la piel delicadamente, mientras volvíamos a besarnos, buscando alborotar las sensaciones que cada vez se hacían más penetrantes.

 

Philip tenía algo especial. Aún no había descubierto qué era, sin embargo, la noche aún era libre y joven.

 

Debo reconocer que me sentí un poco incómoda cuando Philip ofreció pagar la cuenta, mi lado independiente me provocaba picazón al verlo pasar su tarjeta en el punto de venta, pero él había insistido y me convenció que técnicamente él había sido quien me había invitado, así que después de protestar un poco, acepté que pagara mi cena.

⎯ Ahora tú me muestras el camino ⎯ dijo al levantarnos de la mesa, rodeándome con su brazo izquierdo.

⎯ Sé que te va a gustar ⎯ le aseguré.

 

Las calles de mi ciudad eran hermosas, las había recorrido tantas veces que había perdido la cuenta, pero esta vez, los recovecos cobraban un nuevo significado al pasear con Philip, envolviéndome en la tranquilizante firmeza de su cuerpo.

La brisa seguía soplando y atraía el olor de la playa hasta nosotros. Estábamos muy cerca de donde le mostraría a Philip mi lugar favorito en todo el mundo: el mar. Sin embargo, aquella mixtura de agua y arena no era cualquiera, no era como las demás playas que había visitado, aquel era mi espacio seguro, donde iba a permitirme sentir, a derramar lágrimas cuando me sentía triste y a regocijarme de mis alegrías… Donde iba siempre a tener un encuentro a solas conmigo misma, de esos que me llevaban a descubrir mucho y nada al mismo tiempo.

Estoy segura que, en ese lugar, había acumulado una gran cantidad de poder, el que yo le había dado a ese refugio al que acudía cada vez que podía. Y esa noche, lo compartiría con Philip.

Esa noche, le mostraría una parte de mi corazón. Era la primera vez que mostraría esa parte de mi corazón, pero por un motivo misterioso, no desconfiaba, ni me dejaba atormentar por la incertidumbre.

⎯ ¿Alguna vez has probado la nieve arcoíris?

Inclinó la cabeza y entrecerró los ojos antes de negar.

⎯ Hoy vas a probarla.

Lo tomé de la mano y como una niña, me apresuré hasta alcanzar a una señora que vendía nieve arcoíris en un puesto cercano.

⎯ Hola ⎯ le dije con una gran sonrisa al saludarla.

⎯ ¿Dos nieves? ⎯ Preguntó devolviéndome la sonrisa.

⎯ Una está bien ⎯ respondí sin pensarlo mucho.

⎯ No has probado lo que es el dulce hasta que no hayas probado la nieve arcoíris ⎯ me dirigí a Philip.

⎯ Suena bien… Ya quiero probarla.

Me encantaba la paz con la que aceptó mi ofrecimiento, mientras veíamos cómo la señora de ojos cansados, pasaba su cuchilla sobre el gran bloque de hielo que se derretía lentamente ante nosotros. Con mucha agilidad formó una bola de nieve en un vaso y con jugos de colores creó un arcoíris sobre ella. Un poco de leche condensada daría el toque extra de sabor y sellaría aquel postre callejero que me arrebataba.

Los ojos de la señora eran azules.

⎯ Espero que lo disfruten, son una pareja muy bonita.

Ambos sonreímos cortésmente, riéndonos internamente, por saber que, a pesar de tener poco tiempo de conocernos, las personas a nuestro alrededor parecían empecinarse en la idea que estábamos juntos desde hacía mucho.

⎯ Esta vez pago yo ⎯ dije tomando la nieve y sacando unas monedas de mi bolsillo para dárselas a la vendedora.

Philip sonrió.

⎯ Tú primero ⎯ le ofrecí al colocarle una pajilla a la nieve, mientras nos alejábamos.

 

Violines.

En mi ciudad abundaban artistas, y no era raro encontrase con obras de arte callejeras de un momento a otro o a alguien esculpiendo en medio de una concurrida plaza.

Un cuarteto de cuerdas daba un concierto gratuito al aire libre a pocos metros de nosotros y mientras una pequeña multitud se formaba frente a ellos para apreciar la música, Philip probaba, embebido en el dulce, su nieve arcoíris.

Mi piel se erizó de repente cuando conectó su mirada nuevamente con la mía, sus ojos azules resplandecían tanto como los colores en la nieve mientras sorbía absorto de aquél vaso… Y de pronto, la música se intensificó y mi respiración se volvió plácidamente más pesada.

El sonido del chelo alumbró el lugar con sus encantadoras vibraciones y los violines haciendo alarde de las notas que eran capaces de alcanzar… La música era hipnótica y podía sentirla recorrer cada molécula de mi ser, mientras admiraba al austriaco frente a mí.

Y sin planearlo, él abandonó la nieve, colocándola sobre una media pared a su lado para tomarme con una mano por la cintura y con la otra por la nuca y así acercarme a él. Tenía el sabor dulce de los jugos y su lengua me refrescaba al pasearse por los rincones de mi boca.

La melodía acompañaba nuestros besos, la atracción era innegable y yo no quería que aquello terminara.

Philip se inclinó un poco y como un reflejo elevé la pierna para mantener el balance.

 

Y las campanas.

Las campañas de la iglesia sonaban y con cada repicar anunciaban la hora, en ese momento, se mezclaron con el sonido de la música, que ahora se había convertido para nosotros en un leve murmullo, que marcaba el ritmo que debían seguir nuestros labios al entrar en contacto.

Y así como empezamos, sólo paramos.

 

Aplausos.

Aún estaba aturdida por todas las emociones que Philip evocaba en mí, pero en medio de mi confusión, escuché al grupo de personas que estaba a corta distancia de nosotros, ovacionando, como al bajar de un telón.

Por un momento pensé que el alboroto se debía a que les había gustado el concierto, pero luego de prestar algo más de atención a lo que gritaban caí en cuenta que aquel repentino arrebato era por Philip y por mí.

⎯ ¡Bésala otra vez!

Gritó un chico mientras otros silbaban.

Me sonrojé mientras escuchaba las risas.

⎯ ¡Cásate con ella!

Philip me abrazó y automáticamente me refugié en su pecho mientras los desconocidos seguían con su alboroto.

⎯ ¡Que viva el amor!

⎯ ¡Que viva!

Podía sentir a Philip riendo, mientras yo volvía a la realidad.

⎯ Vámonos de aquí… Me muero de pena.

⎯ Si yo no morí con el salmón, tú no morirás tampoco ⎯ dijo mirándome directamente a los ojos y sonriendo.

Me reí brevemente, dejándolo apreciar mis mejillas completamente sonrojadas.

Tomó mi mano y seguimos caminando, dejando que poco a poco se desvanecieran los vítores de aquellos escandalosos en la distancia.

⎯ Este lugar me gusta.

Comentó Philip cuando pasamos por el Túnel Verde, un lugar en medio de la ciudad, rodeado por arbustos que formaban un túnel natural que el alcalde se encargaba de mantener. Con el paso de los años, habían sembrado otro tipo de plantas, como flores blancas que adornaban el techo y suave grama bordeando el camino. Aquello era como un corto domo natural, un respiro en medio de la ciudad, con sus verdes y tupidas paredes y el techo de hojas que nos oxigenaba.

Philip miraba maravillado la obra que nos rodeaba.

⎯ ¿Este es tu lugar favorito?

⎯ No, pero estamos muy cerca. Esta es solo la entrada.

⎯ Guao… Entonces a donde vamos debe ser realmente hermoso. Dificulto que pueda superar esto.

⎯ Lo supera… Ya verás.

Me aferré aún más fuerte a su mano mientras nos dejábamos deleitar por el acaramelado aroma de las florecillas en la bóveda.

⎯ Es por aquí ⎯ le dije señalando una baranda con un letrero que advertía que el paso estaba prohibido después del anochecer.

⎯ ¿Por allí donde se supone no debemos entrar?

⎯ Sólo lo cierran porque a esta hora no hay salvavidas… Pero es muy seguro, te lo prometo.

⎯ No me preocupo tanto por la seguridad, más bien estaba pensando en que no quiero terminar en la cárcel…

⎯ Nah ⎯ dije despreocupada ⎯… Siempre vengo aquí en la noche y jamás me he metido en problemas.

⎯ Siempre hay una primera vez para todo.

⎯ No seas ave de mal ahuero, Philip ⎯ dije dándole un suave manotazo en el pecho… ¡Vamos!

⎯ Está bien. Confiaré en ti.


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