Cuento – Austria: Mi novio de ojos azules – Completo

Austria: Mi novio de ojos azules

RESUMEN: Sentada en una banca en el medio de un parque, una chica conoce a un joven viajero austriaco con un aura renovadora, una energía pura y una paz en el alma, que rápidamente cruzaría fronteras en su corazón. Ella no estaba esperando lo que pasaría esa noche.



Austria: Mi novio de ojos azules

– Parte 1 –

 

⎯ Quiero un novio con los ojos azules

Aquellas eran las palabras que le escuchaba decir todos los días, como un mantra, a mi mejor amiga, desde que empezó nuestra amistad, prácticamente desde que tengo memoria para recordar… Incluso, estoy segura que mucho antes de eso. Seguramente lo pensaba aun cuando todavía estábamos en pañales. Realmente no había un día que no mencionara a su futuro novio de ojos azules.

 

Juro que ahora siento cierto desdén por los ojos azules, después de tanto escuchar su súplica al Universo y es que la verdad, yo no le veía el gran esplendor, ni el alboroto, para mí, era sólo un color más, al igual que el verde, o el café o el negro, aunque tal vez el negro no contaba, ya que es la ausencia de color y no un color per sé.

Pero mi parecer cambió abruptamente cuando conocí a Philip. El austriaco con los ojos azules más peculiares que jamás había visto. Primero, porque para notar su color debías acercarte a él, ya que eran tan oscuros que se confundían fácilmente con ojos café, si no estabas a la distancia suficiente, pero acercarme a él no era una tarea que me molestara en absoluto… Aunque no me adelantaré, ya llegaremos a eso.

 

Tenía la costumbre de salir sola al parque y sentarme a ver a la gente pasar, mientras me hundía en mi propia inmensidad, creando historias para cada uno de los individuos que se cruzaban con mi visión, regalándoles una segunda vida.

“Ella seguro duerme al revés.”

Pensé mientras veía caminar a una señora que llevaba un inusual vestido con un llamativo estampado de leopardo.

“¿Cómo puede salir a la calle así? Más bien pareciera que se hubiera comido un leopardo…”

Todos, absolutamente todos, hemos criticado con nuestro pensamiento a alguien alguna vez durante nuestras vidas, por muy insignificante que fuera la crítica, así que no me preocupaba demasiado porque mi rostro levantara sospechas cuando miraba a alguien; en el peor de los casos sólo sonreiría y pondría mi mejor cara de póquer.

Póquer.

Saqué mi teléfono de la cartera y abrí mi aplicación favorita para jugar póquer, así mataría algo de tiempo y haría dinero apostando unos cuantos dólares, aunque realmente no sabía por qué quería matar el tiempo, si en verdad no tenía nada más que hacer esa noche.

No quería tener más nada que hacer esa noche.

 

Mi jefe había sido un completo imbécil ese día y me había hecho entregarle cuarenta propuestas para el diseño de un nuevo museo en el que trabajábamos… Nada raro en él.

⎯ Cámbiale el color a esa pared… Sabes que no me gusta el morado, pónselo azul.

Era más irritante que estornudar cuando tienes cólicos.

Torcía los ojos mentalmente, tratando de no dejar mi mano salir volando premeditadamente hasta encontrarse con su quijada. Osvaldo me tenía enferma, literalmente enferma, con los absurdos cambios que me retrasaban en mi trabajo y con miles de versiones de planos que me pedía, para luego desecharlas y tomar la primera que había hecho.

Había bajado mucho de peso debido a la presión, me saltaba comidas y estaba frecuentando a la dermatóloga por una reacción alérgica que tuve debido al estrés.

Pero ese día, ese día en particular, Osvaldo se había pasado de la raya. Le había hecho cuarenta muestras, cada una con un cambio más insignificante que el anterior y nada lo hacía feliz, me sentía como una inútil que no sabía hacer su trabajo… Osvaldo me hacía dudar de mi talento como arquitecta… Me hacía dudar sobre mi vocación. Aquello era grave.

Así que esa noche trataba de despejar mi mente y no pensar en él.

Mi misión era evitar a toda costa rellenar los espacios libres de mi mente con amargos recuerdos de su persona.

Osvaldo tenía los ojos azules, pero no pensaría en eso.

 

Continué jugando tranquilamente en mi teléfono y acomodé las piernas sobre la banca del parque en la que estaba sentada, me dolía un poco la espalda por pasar tanto tiempo en la misma posición y por haber estado sentada todo el día diseñando para Osvaldo.

No más Osvaldo, ¿está bien?

A veces necesitaba abofetearme mentalmente para regresar a mi estado zen.

Me estiré sobre la silla y escuché mis articulaciones tronar.

Eso se sintió bien.

Eso siempre se sentía bien.

 

Dejé de prestarle atención a la gente que iba y venía y me concentré en el juego, no me estaba yendo muy bien, debo confesar, las cartas no tenían buena sintonía conmigo esa noche.

Sentía cómo el mal humor comenzaba a hervir lentamente dentro de mí.

Acababa de perder diez dólares.

Argh.

Adiós a mi manicura el fin de semana. Tendría que hacerme las uñas en casa el sábado por la mañana.

⎯ Hola.

Una desconocida voz me sacó de mi ensimismamiento.

Me puse en pausa en la mesa de póquer para la siguiente mano y desconecté la mirada con mi teléfono.

¿Quién era el impertinente que me interrumpía?

Tal vez alguien que conocía y sólo quería saludar.

O tal vez era Osvaldo que venía a torturarme antes de irme a dormir.

¡No más!

A veces pensaba en Osvaldo más que en mí misma.

 

Perfección.

Su cara era hermosa. Como la de un modelo de revista. Sus hombros eran anchos y fuertes, pero su mirada era dulce y sencilla.

Y sus ojos eran azules.

⎯ Hola ⎯ le respondí al inesperado joven frente a mí.

¿Quién era ese?

⎯ ¿Sabes dónde queda el restaurante La Tratoria?

 

Que guapo es.

Su cabello era negro y escondía suaves rizos con su gorra color crema.

¿Quién rayos usa gorra de noche?

Aparentemente él.

No sabía si debía confiar en una persona que usaba gorra en la noche… ¿Por qué alguien haría eso?

Ni siquiera quería abrir la puerta para discutir conmigo misma ese tema.

 

Además, tenía sus gruesos labios y sus bien definidas mejillas para distraerme de esos ridículos pensamientos.

⎯ Es ese ⎯ señalé justo frente a nosotros con el dedo índice.

⎯ ¿El que no tiene nombre?

⎯ Sí, es un poco extraño… Pero te juro que ese es ⎯ sonreí.

Él sonrió de vuelta.

Um… Su sonrisa era linda y al mostrarla su rostro resplandecía. La genética había sido muy generosa con él.

Su cara era perfectamente simétrica.

Me preguntaba de dónde sería y qué estaba haciendo allí.

⎯ Nunca lo hubiera encontrado ⎯ dijo sin ponerle mucho empeño a sus palabras.

⎯Tranquilo, no eres el primero al que le pasa.

⎯ ¿Por qué no tiene nombre?

Su acento es fuerte y sus ojos son azules… A mi mejor amiga le encantaría.

⎯ No lo sé… Supongo que es parte del encanto.

⎯ ¿Es bueno el lugar?

⎯ Sí, mucho… Las pizzas son deliciosas.

⎯ Lo tendré presente… ¿Me recomiendas alguna?

⎯ Um… La pizza de salmón es muy buena.

Por la forma en cómo frunció el entrecejo y la expresión del resto de su rostro asumí que no le agradaba la combinación… Tal vez era italiano y seguía fielmente la costumbre de no mezclar lácteos con los frutos del mar.

⎯ ¿No te convence?

Negó con la cabeza.

⎯ Para nada.

⎯ Bueno, tú preguntaste…

Él era muy alto y me comenzaba a doler un poco el cuello al tener que ver hacia arriba para hablarle, pero admirar sus gruesas cejas negras y sus delicadas pestañas hacían que la molestia valiera la pena.

⎯ Creo que probaré algo más tradicional… Tal vez una pasta.

⎯ Todo es bueno, lo que pidas te gustará. Estoy segura.

⎯ ¿Quieres acompañarme?

Eso fue raro.

⎯ ¿A cenar?

⎯ Sí.

Fruncí el entrecejo extrañada por la pregunta; nunca me había pasado algo así.

¿Por qué confiaría en alguien que usa gorra de noche y además invita a desconocidas a acompañarlo a cenar?

Traté de no pensar mal de él, tal vez se sentía solo en una tierra extraña.

⎯ Ni siquiera sé cómo te llamas ⎯ le respondí.

⎯ Soy Philip ⎯ dijo casi al instante, mostrándome una vez más su tranquilizadora sonrisa.

Tal vez su gorra era un verdadero problema de lógica para mi cerebro, pero su expresión serena hizo que se esfumara por completo.

⎯Y tú, ¿cómo te llamas?

Pensé en darle un nombre falso, como hacía cuando tomaba un taxi y el taxista me preguntaba mi nombre. Además, aquella podría ser mi oportunidad para auto regalarme una segunda vida como lo había hecho cientos de veces con muchas personas mientras las veía pasar. Podría tomar la identidad que quisiera y aparentar lo que se me ocurriera, sin embargo, el brillo de esos ojos azules y la manera tan calmada como me miraba, sólo me provocaban decir la verdad.

Aún no lo conocía, pero él no se merecía una mentira.

Le dije mi nombre real. Sinceramente quería conocer más a Philip.

⎯ Tienes un bonito nombre ⎯ dijo.

⎯ Gracias.

⎯ Y… ¿Te gustaría acompañarme a cenar?

⎯ Ok.

Esa respuesta me salió tan natural y descomplicada, que me asusté de mi misma, pero Philip tenía algo que me hacía sentirme relajada. Su aura era tan serena que me contagiaba su paz.

Me levanté de la silla y recogí mis cosas.

Noté que Philip me miraba, casi examinándome de arriba abajo y la verdad, ese día daba algunos motivos para mirar. Llevaba un skinny jeans oscuro que moldeaba exactamente las partes que debían ser moldeadas, una correa dorada marcaba mi cintura y un suéter negro dejaba ver uno de mis hombros, el que tenía un gran lunar que me encantaba exhibir.

⎯ Guao ⎯ dijo él.

⎯ ¿Qué pasa?

⎯ ¿Vas de fiesta hoy?

⎯ No, ¿por qué?

⎯ Estás muy arreglada.

⎯ ¿Te parece?

Ese día me sentía bien conmigo misma, y el tono de su voz revelaba que estaba más incrédulo de lo que yo pensaba.

⎯ ¿Vienes del trabajo? ⎯ Preguntó aún curioso por mi atuendo.

⎯ Sí.

⎯ Guao… Las chicas en Austria no se visten así nunca para ir al trabajo… A menos que trabajen en fashion.

Sonreí. Eso había sido un piropo muy discreto.

⎯ ¿Eres de Austria?

⎯ Sí; soy de Völs.

Eso explicaba el acento.

Philip debía ser más joven que yo, su piel blanca tenía un ligero tinte rosado que no le permitía ocultar su juventud, pero eso no importaba, él comenzaba a agradarme.

⎯ ¿Y qué haces aquí?

Pregunté mientras dábamos unos pasos hacia el restaurante, podía escuchar mis zapatos dorados de tacón sonar contra el piso, al mismo tiempo que el dolor comenzaba a retumbar en la punta de mis dedos y en la planta de mis pies, después de todo, los había llevado todo el día.

⎯ Estoy viajando antes de regresar a la universidad.

⎯ Um… Disculpa, ¿te molesta si vamos primero a mi auto para cambiarme los zapatos?

Si quería sobrevivir una hora más, necesitaba bajarme de los tacones de aguja.

⎯No, para nada ⎯ dijo esbozando una sonrisa ⎯ … Si necesitas ayuda te puedo cargar.

Pasó su mano ligeramente por mi cintura, apenas fue un roce, como el de una pluma cayendo al vacío, pero lo sentí hasta los huesos, hasta los cabellos, hasta mis uñas lo habían sentido.

 

Una repentina electricidad.

 

Eso fue lo que sentí cuando él tuvo sus dedos por mi piel por tan solo un par de segundos.

Creo que él también la sintió.

Me sonrojé y sonreí, pero me alejé un poco de él, estaba apenada, así que sólo agaché la cabeza y sonreí.

Creo que él se dio cuenta de mi gesto porque me miró de una forma diferente por un momento, como examinando mis reacciones mientras caminábamos. Me estudiaba con esos ojos azules que perforaban hasta mi alma.

⎯ ¿Está lejos tu auto?

⎯ No, ya falta poco ⎯ dije entre tontas risas.

Por un momento perdí el control sobre mí misma.

⎯ ¿De qué te ríes?

⎯ No lo sé.

Volvió a rozar mi cintura, esta vez se atrevió a dejar su mano por un rato más.

 

Chispas.

 

Casi podía sentir cómo salían chispas de sus manos que poco a poco se entrelazaban con los nervios de mi piel. Todo mi cuerpo temblaba ligera y casi imperceptiblemente, algo así como cuando sales del agua fría al fresco.

Nos detuvimos un momento y volteé a verlo.

¿Quién era ese austriaco? ¿Quién era Philip?

Quise decir algo, pero me arrepentí, así que solo compartimos una sonrisa y nos volvimos a separar unos centímetros.

⎯ Allí está mi auto.

Señalé el deportivo blanco estacionado en toda la esquina de un viejo lote que el gobierno había convertido en un pobre intento de estacionamientos, por el que cobraban demasiado para no tener si quiera un piso asfaltado.

⎯ Es un lindo auto ⎯ dijo el austriaco ⎯. ¿Es alemán?

⎯ Sí, era mi de papá. Me lo regaló para mi cumpleaños el año pasado.

⎯ Son buenos autos los alemanes.

⎯ Pensé que Alemania y Austria tendrían conflictos.

Él rio poderosamente.

⎯ No, para nada. Somos amigos… De hecho, mi mejor amigo es alemán.

⎯ ¿Vino contigo en este viaje?

⎯ No, pero fue él quien me recomendó La Tratoria; él estuvo aquí el año pasado.

⎯ ¿Y por qué no vino contigo? ⎯ Pregunté mientras entrábamos al auto.

⎯ Me gusta viajar solo… Así conozco gente.

⎯ Como me conociste a mi…

Sonrió ampliamente.

Tenía una conexión natural con Philip, me sentía plácida, como después de haber dormido toda una noche para despertar y recibir al más hermoso de los amaneceres.

Era tan fácil como nadar para un pez en el agua.

Él volvió a mirarme fijamente mientras estábamos sentados adentro del auto, si existieran los besos con las miradas, creo que en ese momento nos estábamos besando, pero él no se movió ni un milímetro, ni yo tampoco. Aún era muy pronto para intimar con el contacto físico, pero eso no nos impedía disfrutar del agradable momento.

 

Hacía calor.

 

Estábamos adentro de un auto apagado y el dióxido de carbono que emitían nuestros cuerpos comenzaba a hacer estragos.

⎯ ¿Vamos a comer?

⎯ Me leíste la mente.

Rápidamente me cambié los zapatos por unos más cómodos y sentí un gran alivio, después de haber usado todo el día mis tacones dorados, unas sandalias eran mi mayor satisfacción, en ese justo momento, creo que la sensación era mejor que estar con Philip.

 

Exageraba y mucho.

En ese momento nada se comparaba con caminar del fornido brazo del austriaco de un metro ochenta que me llevaba orgulloso por las calles de mi ciudad.

Se notaba que hacía ejercicio a diario, su físico era impecable. El deporte le asentaba muy bien.

 

Comeríamos pizza.

⎯ Debes probar la pizza de salmón.

⎯ No gracias ⎯ dijo entre risas ⎯. Eso suena asqueroso.

⎯ Es muy buena, créeme.

Sonrió ampliamente.

⎯ Tu palabra será suficiente… No necesito probarla.

Puso su mano sobre la mía por un instante y sentí un salto dentro de mi pecho, mi corazón me estaba dando un aviso, pero contuve mi reacción mientras el mesero estaba justo al lado de nosotros, esperando por nuestra orden.

⎯ Una pizza margarita y una cerveza nacional ⎯ dijo entregándole el menú al chico.

⎯ Ok… Ya regreso con las bebidas.

⎯ Pizza y cerveza… Eso suena bien italiano.

⎯ La familia de mamá es italiana.

Tu parli?

Se rio.

Philip era tan risueño, parecía que todo lo que decía le hacía gracia, por un momento me pregunté si aquello era positivo, después de todo, me gustaba que las personas me tomaran en serio, pero ver cómo se le iluminaban sus hipnóticos ojos azules hacía que se me olvidara cualquier preocupación.

⎯ Un poco, pero no soy bueno. Aprendí en el colegio, igual que el español

⎯ Entiendo… Y tu español es muy bueno, por cierto.

⎯ Gracias… ¿Y tú dónde aprendiste italiano?

⎯ En casa.

⎯ ¿Tu familia también es italiana?

⎯ No, para nada ⎯ sonreí ⎯… Es sólo que siempre he estado obsesionada con Italia desde que soy niña y comencé a estudiar hace unos años por mi cuenta.

Alzó sus tupidas y masculinas cejas sorprendido.

⎯ Nunca había conocido a alguien que aprendiera un idioma porque sí.

⎯ Siempre hay una primera vez para todo.

Reímos.

⎯ ¿Piensas ir a Italia?

⎯ Muy pronto iré… Estoy segura.

⎯ Podrías ir a Austria… Italia es cerca de donde vivo.

Sonreí.

⎯ Cuéntame qué haces en Austria…

⎯ Soy futbolista.

Eso explicaba su bien definida figura, que resaltaba debajo de su suéter azul brillante y sus pantalones desgastados.

⎯ Oh…

Abrí los ojos de par en par.

⎯ Pero no soy famoso ni nada ⎯ dijo entre risas ⎯. Soy delantero en una selección de segunda división.

⎯ ¿Y piensas llegar a la selección nacional?

⎯ No.

⎯ ¿Por qué?

⎯ Soy muy mayor, si hubiera querido eso debí empezar a jugar hace muchos años… Sólo juego porque me gusta y pagan bien… Es un buen trabajo mientras estudio…

⎯ ¿Y qué estudias?

⎯ Arqueología, Geografía y Economía.

⎯ Ok… Creo que puedo entender la relación entre la Geografía y la Arqueología, pero, ¿Economía? ¿Cómo entra eso en el combo?

Volvió a reír.

⎯ Eres muy graciosa.

Llevó su mano a mi mejilla y la acarició suavemente sin dejar de mirarme.

 

Magia.

 

Lo que sentí con su toque fue como magia brotando por mis poros. Philip era como una brisa refrescante en una noche de verano, como un vaso de agua fresca bajo el incandescente sol, y tenerlo cerca era como sentir el alivio después que un dolor te aqueja por días.

Él era justo lo que yo necesitaba en ese momento para liberarme.

⎯ En Austria puedes estudiar tres carreras a la vez y me gustaban las tres… Cuando termine haré una maestría en los Estados Unidos, seguramente en Economía.

⎯ Seguro debes estudiar mucho.

⎯ Nah… No tanto como piensas ⎯ dijo despreocupadamente ⎯. Tendré que estudiar mucho cuando empiece la maestría… Por ahora, sólo estudio lo suficiente para graduarme. No me preocupo mucho.

⎯ Pero entonces te vas a dedicar a la economía…

⎯ No lo sé, también me gusta mucho la geografía. Tengo muchos rompecabezas de mapas.

⎯ ¿En serio?

⎯ Sí, él último que armé tenía tres mil piezas.

⎯ Guao… ¿Y qué hiciste con él?

⎯ Lo enmarqué y lo colgué detrás de mi cama.

Metió su mano al bolsillo y sacó su teléfono.

El rompecabezas realmente lucía impresionante en la foto que me mostró orgullosamente. Podía ver claramente la ruta de los conquistadores hacia América en el diseño.

⎯ ¿También te gusta la historia?

⎯ Mucho ⎯ sonrió emocionado.

Aquellas cualidades me parecían extrañas para hombre tan joven, pero supongo que no tenía nada de malo que le apasionaran esos temas.

⎯ ¿Cuánto tiempo te tomó?

⎯ Como una semana y media… Quise terminar antes, pero tuve mucho que hacer; tenía prácticas y exámenes y solo podía dedicarle como una hora al día.

⎯ Pues a mí me parece que terminaste rápido.

⎯ La próxima vez lo haré más rápido.

⎯ Y tendrás que conseguir una casa más grande si pretendes enmarcar otro de esos rompecabezas.

Él rio por mi comentario.

⎯ En el peor de los casos lo cuelgo en la sala.

⎯ ¿A tus padres no les molestará que cuelgues un rompecabezas gigante en medio de la sala?

⎯ Si les molesta no me importa, no vivo con ellos desde los dieciocho años.

⎯ ¿En serio? ¿Por qué te fuiste tan joven de casa?

⎯ Quería mi independencia.

⎯ ¿Te mudaste a otra ciudad por la universidad?

⎯ No, de hecho, mis padres viven como a diez minutos de mi… Sólo quería estar solo… Es muy normal en Austria.

Hablaba del tema con una facilidad que me extrañaba. Para mí no era común que alguien se mudara de su casa sin realmente tener la necesidad de hacerlo.

⎯ Es la primera vez que conozco a alguien que se muda de su casa sólo porque sí.

Él volvió a reír.

 

El sonido de una guitarra se acercaba. Levanté la mirada y vi a un señor mayor caminando hacia nosotros haciendo sonar el instrumento.

⎯ ¡Buenas noches! ⎯ dijo muy animado el hombre.

⎯ Buenas noches.

Philip y yo respondimos al unísono.

⎯ ¿Una canción para la bella señorita? ⎯ Se dirigió el hombre hacia Philip.

Él sonrió.

⎯ Bien ⎯ dijo autorizando el improvisado concierto.

⎯ Esta es de la buena suerte; es la primera canción que toco hoy.

⎯ Ok ⎯ dije un poco escéptica.

 

Si nos dejan… Nos vamos a querer toda la vida…

 

Debo confesar que me sentía un poco apenada cuando el hombre comenzó a cantar esa canción mientras yo estaba a la mesa con Philip, pero el gesto que hizo a continuación desvaneció cualquier trazo de vergüenza que pudiera sentir.

Philip tomó mi mano y me sonrió.

⎯ Conozco esa canción ⎯ dijo.

⎯ ¿En Austria la escuchan?

 

Yo pienso que tú y yo podemos ser felices todavía…

 

⎯ No, pero la he escuchado varias veces aquí en Latinoamérica.

⎯ ¿Dónde te has metido tú? Esa canción es viejísima.

Y una vez más rio con mi expresión, pero esta vez logré despertar algo en él, porque finalmente se llenó de valor para besarme.

Me tomó por el rostro otra vez y deslizó su pulgar delicadamente por mi quijada, mientras al mismo tiempo me acercaba hacia él.

Una parte de mí, tenía la certeza que había esperado por su beso toda la noche, desde el primer momento que lo vi, quizás incluso antes de conocerlo.

Philip era dulce, como la caña de azúcar, y su beso era suave y paciente, tal vez se dejaba llevar por el ritmo de la música que nos acompañaba.

 

Y allí, juntitos los dos, cerquita de Dios…

Será lo que soñamos.

 

Había tenido un día horrible con mi jefe molestándome a cada rato, pero los aterciopelados besos de Philip estaban logrando dejar muy atrás las quejas de Osvaldo.

Tal vez la canción de fondo me estaba afectando pues, sentía que cuando lo besaba, tocaba un pedazo de cielo con mis labios.

 

Calidez.

Siempre había escuchado decir que los europeos eran fríos, pero si eso era cierto, entonces Philip estaba algunos centígrados más elevado que el resto.

Finalmente nos separamos cuando terminó la canción que nos servía de fondo musical para aquél momento.

El viejo sonrió ampliamente al vernos.

Lo había olvido por completo…

Estaba en la mitad de la plaza del parque, sentada a la mesa en la terraza del restaurante La Tratoria, con un austriaco al que acaba de conocer sentada en una banca. Seguramente muchas personas nos observaron mientras nos besábamos y el señor de la guitarra había estado allí para presenciarlo todo, muy de cerca.

Estoy segura que debía estar completamente colorada para cuando el señor de la guitarra habló.

⎯ ¿Cuánto tiempo tienen de casados? ⎯ Preguntó el hombre.

Philip y yo nos miramos riendo sin decir nada.

⎯ No se preocupen, no tienen que decirme… Se nota que llevan mucho tiempo juntos.

No sé si aquél hombre buscaba aumentar su propina por la canción o si realmente la energía que despedíamos Philip y yo demostraba mucha familiaridad como para aparentar años de casados.

Ambos sacamos nuestras carteras para darle algo de dinero a aquél músico callejero que había amenizado nuestro beso. Debo reconocer, se lo merecía.

⎯ Gracias ⎯ dijo con una gran sonrisa al recibir su propina.

⎯ Eso fue inesperado ⎯ me dirigí nuevamente a Philip mientras el hombre se alejaba hacia otra mesa.

⎯ A mí me gustó ⎯ dijo sonriendo.

Con cada minuto que pasaba Philip irradiaba más energía positiva, proveniente de su aura de tranquilidad, todo lo que decía parecía tan controlado y pacífico.

Finalmente había llegado la pizza y para la hora que era, ya tenía bastante hambre. La delgada masa cubierta de queso y salmón le haría bien a mi estómago, aun cuando Philip pensaba lo contrario.

⎯ Tenías razón, es muy buena la pizza ⎯ dijo mientras probaba un primer bocado.

⎯ Sí, me atrevería a decir que es la mejor pizza del país.

⎯ Cuéntame de ti ⎯ pidió dividiendo su atención entre la pizza y yo.

Seguramente una tarea difícil.

⎯ Bueno, no hay mucho que decir… Um… Soy arquitecta.

⎯ ¿En serio? Pensé que eras modelo.

Ahora la que reía era yo. Estaba muy lejos de eso.

⎯ No te rías… Si me dijeras que eres modelo, te lo creería.

⎯ No, no soy modelo y nunca lo he sido.

⎯ Deberías, du bist sehr schön.

⎯ ¿Qué dijiste?

⎯ Dije que eres muy hermosa.

Y sin pedir permiso, volvió a besarme. Esa vez no teníamos música de fondo, pero no la necesitábamos, su mano creaba notas musicales que yo podía sentir con el vibrar de sus dedos en mi cuello.

⎯ ¿Cuándo regresas a Austria?

⎯ Pasado mañana.

⎯ ¿No quieres quedarte un poco más?

⎯ Quisiera, pero debo regresar. Comienzo la universidad en una semana.

Me encogí un poco de hombros antes de tomar otro pedazo de pizza.

⎯ Pero me alegra mucho haberte conocido ⎯ dijo él tratando de animarme ⎯. Pasémosla bien esta noche.

⎯ Ok.

 

La atmósfera entre ambos era muy agradable y el hecho de tener tiempo limitado me hacía querer apresurar algunas situaciones, pero dudaba de la reacción de Philip. Me sentía muy confiada con él y sólo quería que terminara rápido su comida para irnos de allí.

⎯ Cuando acabes la pizza, me gustaría que fuéramos a otro lugar ⎯ dije llenándome de valor.

Él sonrió.

⎯ Claro, iremos donde tú quieras.

Y sellamos el trato con un beso.

 

Jamás me imaginé que esa noche conocería a un hombre tan lleno de calma que me contagiaría con su vibra apacible, aliviando mi angustia acumulada por el día que había tenido.

 

A su lado, me sentía ligera, como quien camina con zapatos alados, o como quien es elevado por ángeles hasta el firmamento. La sensación de frescura que me provocaba su presencia era inigualable y nunca, en mi vida entera, me había inundado de aquél delicado y nuevo sentir que Philip estaba despertando en mí.

 

 

 


– Parte 2: El catalizante –

 

 

⎯ ¿A dónde me quieres llevar?

⎯ A mi lugar favorito en todo el mundo.

⎯ Me encantará conocerlo ⎯ dijo sonriendo ampliamente ⎯. ¿Está lejos de aquí?

⎯ No, de hecho, podemos ir caminando.

⎯ Perfecto.

⎯ Pero hay una condición para llevarte.

Philip frunció el entrecejo.

⎯ ¿Cuál?

⎯ Tienes que probar mi pizza de salmón.

Él comenzó a reír tontamente, con duda en su mirada.

Sus ojos azules dudaban.

⎯ Es en serio ⎯ dije sin titubear ⎯. A menos que me digas que eres alérgico al salmón, lo cual dudo mucho, si no, no me hubieras besado, no tienes excusa para no probarla al menos.

⎯ Me atrapaste.

Sonreí ampliamente, mientras Philip hacía un quejoso puchero, resaltando sus carnosos labios, como reclamándome en silencio por la condición que le había impuesto.

Juzgaba mi pizza con su fija y perturbada mirada, como si examinara cada milímetro torta de pan, buscando la menor imperfección e inventar un pretexto para zafarse de la situación.

⎯ No te salvarás ⎯ dije en broma.

⎯ ¿Y si muero?

⎯ No vas a morir ⎯ respondí jocosamente apoyando mi mano sobre su antebrazo ⎯. Te lo aseguro.

⎯ Si muero, al menos prométeme que encontrarás la forma de avisarle a mi familia en Austria… El número de mi mamá está en mi teléfono.

Asentí sin dejar de sonreír.

⎯ Le dejaré saber que moriste feliz en América Latina, comiendo una deliciosa pizza de salmón… No te preocupes.

⎯ En serio eres muy graciosa.

Y me besó, casi como buscando llenarse de valor antes de cumplir con mi reto. Los labios de Philip eran cada vez más dulces, como caña de azúcar y limón y aunque me energizaban, al mismo tiempo me desgastaban, como si con cada contacto hubiera una poderosa reacción que nos consumía.

Asió mi cintura con una mano, mientras me impregnaba de su esencia con sus agotadores y sedosos labios. Sentía que una parte de mi alma resplandecía cuando nos combinábamos con una coherencia inexplicable.

 

Química.

Era lo único que podía desbaratar el enigma de la aceleración que sentía al dejarme llevar por su ligero toque, como el de las pinceladas sobre el lienzo. Juro que podía sentir todo mi cuerpo estremecer, con tan solo un beso. Podía sentir los agitados latidos de mi corazón, que se sintonizaban con los de él, pero debía tener presente que aún seguíamos en la terraza del restaurante y no quería sobrepasarme en el espectáculo.

 

Cortamos la conexión al separarnos, y por un segundo creí ver un haz de luz dibujar un camino incandescente desde su boca hasta la mía, pero creo que no era más que el brillo de sus ojos azules con la iluminación artificial de aquél lugar.

⎯ No trates de distraerme… Sé lo que estás tratando de hacer.

⎯ Me atrapaste otra vez ⎯ dijo risueño, acariciando mi mejilla.

⎯ Sólo pruébala… Sé que te va a gustar, es muy buena en verdad.

⎯ Ok… Aquí vamos ⎯ dijo tomando el último trozo de pizza sobre mi plato.

Abrió su boca y se permitió saborear la combinación entre el salmón y el queso mozzarella y por su inmediata reacción, pude ver que después de todo era de su agrado.

⎯ Um… Realmente es muy buena ⎯ dijo volviendo a morder.

⎯ Te lo dije… Me encanta cuando tengo razón.

⎯ Y a mí me encanta cuando sonríes así.

 

Una fresca brisa atrajo flores de los árboles a nuestro alrededor con su soplar, rozándonos la piel delicadamente, mientras volvíamos a besarnos, buscando alborotar las sensaciones que cada vez se hacían más penetrantes.

 

Philip tenía algo especial. Aún no había descubierto qué era, sin embargo, la noche aún era libre y joven.

 

Debo reconocer que me sentí un poco incómoda cuando Philip ofreció pagar la cuenta, mi lado independiente me provocaba picazón al verlo pasar su tarjeta en el punto de venta, pero él había insistido y me convenció que técnicamente él había sido quien me había invitado, así que después de protestar un poco, acepté que pagara mi cena.

⎯ Ahora tú me muestras el camino ⎯ dijo al levantarnos de la mesa, rodeándome con su brazo izquierdo.

⎯ Sé que te va a gustar ⎯ le aseguré.

 

Las calles de mi ciudad eran hermosas, las había recorrido tantas veces que había perdido la cuenta, pero esta vez, los recovecos cobraban un nuevo significado al pasear con Philip, envolviéndome en la tranquilizante firmeza de su cuerpo.

La brisa seguía soplando y atraía el olor de la playa hasta nosotros. Estábamos muy cerca de donde le mostraría a Philip mi lugar favorito en todo el mundo: el mar. Sin embargo, aquella mixtura de agua y arena era cualquiera, no era como las demás playas que había visitado, aquel era mi espacio seguro, donde iba a permitirme sentir, a derramar lágrimas cuando me sentía triste y a regocijarme de mis alegrías… Donde iba siempre a tener un encuentro a solas conmigo misma, de esos que me llevaban a descubrir mucho y nada al mismo tiempo.

Estoy segura que, en ese lugar, había acumulado una gran cantidad de poder, el que yo le había dado a ese refugio al que acudía cada vez que podía. Y esa noche, lo compartiría con Philip.

Esa noche, le mostraría una parte de mi corazón. Era la primera vez que mostraría esa parte de mi corazón, pero por un motivo misterioso, no desconfiaba, ni me dejaba atormentar por la incertidumbre.

⎯ ¿Alguna vez has probado la nieve arcoíris?

Inclinó la cabeza y entrecerró los ojos antes de negar.

⎯ Hoy vas a probarla.

Lo tomé de la mano y como una niña, me apresuré hasta alcanzar a una señora que vendía nieve arcoíris en un puesto cercano.

⎯ Hola ⎯ le dije con una gran sonrisa al saludarla.

⎯ ¿Dos nieves? ⎯ Preguntó devolviéndome la sonrisa.

⎯ Una está bien ⎯ respondí sin pensarlo mucho.

⎯ No has probado lo que es el dulce hasta que no hayas probado la nieve arcoíris ⎯ me dirigí a Philip.

⎯ Suena bien… Ya quiero probarla.

Me encantaba la paz con la que aceptó mi ofrecimiento, mientras veíamos cómo la señora de ojos cansados, pasaba su cuchilla sobre el gran bloque de hielo que se derretía lentamente ante nuestros nosotros. Con mucha agilidad formó una bola de nieve en un vaso y con jugos de colores creó un arcoíris sobre ella. Un poco de leche condensada daría el toque extra de sabor y sellaría aquel postre callejero que me arrebataba.

Los ojos de la señora eran azules.

⎯ Espero que lo disfruten, son una pareja muy bonita.

Ambos sonreímos cortésmente, riéndonos internamente, por saber que, a pesar de tener poco tiempo de conocernos, las personas a nuestro alrededor parecían empecinarse en la idea que estábamos juntos desde hacía mucho.

⎯ Esta vez pago yo ⎯ dije tomando la nieve y sacando unas monedas de mi bolsillo para dárselas a la vendedora.

Philip sonrió.

⎯ Tú primero ⎯ le ofrecí al colocarle una pajilla a la nieve, mientras nos alejábamos.

 

Violines.

En mi ciudad abundaban artistas, y no era raro encontrase con obras de arte callejeras de un momento a otro o a alguien esculpiendo en medio de una concurrida plaza.

Un cuarteto de cuerdas daba un concierto gratuito al aire libre a pocos metros de nosotros y mientras una pequeña multitud se formaba frente a ellos para apreciar la música, Philip probaba, embebido en el dulce, su nieve arcoíris.

Mi piel se erizó de repente cuando conectó su mirada nuevamente con la mía, sus ojos azules resplandecían tanto como los colores en la nieve mientras sorbía absorto de aquél vaso… Y de pronto, la música se intensificó y mi respiración se volvió plácidamente más pesada.

El sonido del chelo alumbró el lugar con sus encantadoras vibraciones y los violines haciendo alarde de las notas que eran capaces de alcanzar… La música era hipnótica y podía sentirla recorrer cada molécula de mi ser, mientras admiraba al austriaco frente a mí.

Y sin planearlo, él abandonó la nieve, colocándola sobre una media pared a su lado para tomarme con una mano por la cintura y con la otra por la nuca y así acercarme a él. Tenía el sabor dulce de los jugos y su lengua me refrescaba al pasearse por los rincones de mi boca.

La melodía acompañaba nuestros besos, la atracción era innegable y yo no quería que aquello terminara.

Philip se inclinó un poco y como un reflejo elevé la pierna para mantener el balance.

 

Y las campanas.

Las campañas de la iglesia sonaban y con cada repicar anunciaban la hora, en ese momento, se mezclaron con el sonido de la música, que ahora se había convertido para nosotros en un leve murmullo, que marcaba el ritmo que debían seguir nuestros labios al entrar en contacto.

Y así como empezamos, sólo paramos.

 

Aplausos.

Aún estaba aturdida por todas las emociones que Philip evocaba en mí, pero en medio de mi confusión, escuché al grupo de personas que estaba a corta distancia de nosotros, ovacionando, como al bajar de un telón.

Por un momento pensé que el alboroto se debía a que les había gustado el concierto, pero luego de prestar algo más de atención a lo que gritaban caí en cuenta que aquel repentino arrebato era por Philip y por mí.

⎯ ¡Bésala otra vez!

Gritó un chico mientras otros silbaban.

Me sonrojé mientras escuchaba las risas.

⎯ ¡Cásate con ella!

Philip me abrazó y automáticamente me refugié en su pecho mientras los desconocidos seguían con su alboroto.

⎯ ¡Que viva el amor!

⎯ ¡Que viva!

Podía sentir a Philip riendo, mientras yo volvía a la realidad.

⎯ Vámonos de aquí… Me muero de pena.

⎯ Si yo no morí con el salmón, tú no morirás tampoco ⎯ dijo mirándome directamente a los ojos y sonriendo.

Me reí brevemente, dejándolo apreciar mis mejillas completamente sonrojadas.

Tomó mi mano y seguimos caminando, dejando que poco a poco se desvanecieran los vítores de aquellos escandalosos en la distancia.

⎯ Este lugar me gusta.

Comentó Philip cuando pasamos por el Túnel Verde, un lugar en medio de la ciudad, rodeado por arbustos que formaban un túnel natural que el alcalde se encargaba de mantener. Con el paso de los años, habían sembrado otro tipo de plantas, como flores blancas que adornaban el techo y suave grama bordeando el camino. Aquello era como un corto domo natural, un respiro en medio de la ciudad, con sus verdes y tupidas paredes y el techo de hojas que nos oxigenaba.

Philip miraba maravillado con la obra que nos rodeaba.

⎯ ¿Este es tu lugar favorito?

⎯ No, pero estábamos muy cerca. Esta es solo la entrada.

⎯ Guao… Entonces a donde vamos debe ser realmente hermoso. Dificulto que pueda superar esto.

⎯ Lo supera… Ya verás.

Me aferré aún más fuerte a su mano mientras nos dejábamos deleitar por el acaramelado aroma de las florecillas en la bóveda.

⎯ Es por aquí ⎯ le dije señalando una baranda con un letrero que advertía que el paso estaba prohibido después del anochecer.

⎯ ¿Por allí donde se supone no debemos entrar?

⎯ Sólo lo cierran porque a esta hora no hay salvavidas… Pero es muy seguro, te lo prometo.

⎯ No me preocupo tanto por la seguridad, más bien estaba pensando en que no quiero terminar en la cárcel…

⎯ Nah ⎯ dije despreocupada ⎯… Siempre vengo aquí en la noche y jamás me he metido en problemas.

⎯ Siempre hay una primera vez para todo.

⎯ No seas ave de mal ahuero, Philip ⎯ dije dándole un suave manotazo en el pecho… ¡Vamos!

⎯ Está bien. Confiaré en ti.

Sólo empujamos la puerta y bajamos las escalinatas de piedra hacia la playa, la arena que ensuciaba la roca, brillaba bajo nuestros zapatos al pisarla, era como pisar sobre las teclas de un piano, blanco y negro.

⎯ ¿Estás segura que estaremos bien?

⎯ Sí… No te preocupes ⎯ dije tomando su mano aún más fuerte ⎯. No pensé que fueras tan miedoso.

⎯ No es miedo… Es respeto por la ley.

⎯ Las reglas se hicieron para romperse ⎯ dije cuando bajamos el último escalón natural.

Solté la mano de Philip por un momento y corrí hacia la orilla, extendiendo los brazos para dejar sentir la brisa marina en mi rostro. El poder purificador de las sales del océano siempre me hacía bien. Me descalcé las sandalias y las tiré arriba, donde la arena estaba completamente seca.

⎯ ¡Vamos! ⎯ Le dije a Philip entusiasmada ⎯ No quieres perderte la mejor parte… Aún tenemos que llegar al punto exacto.

Le regalé una coqueta sonrisa, que pareció llenarlo de valor y me siguió hasta una gran peña cerca de nosotros. Trepé por las pequeñas piedras que me servían de apoyo para llegar a la cima y con mucha agilidad, incluso para quien llevaba unos skinny jeans bastante ajustados, llegué a la cima y me senté. Philip me imitó, para luego acomodarse a mi lado.

Las olas rompían en aquella roca que las convertía en pequeñas gotas espumosas que apenas alcanzaban a mojarme los pies ligeramente.

⎯ Bienvenido a mi lugar favorito en todo el mundo, Philip.

Le dije señalando la inmensidad.

⎯ Me gusta este lugar porque se combina perfectamente lo nuevo con lo viejo, lo natural con lo artificial y todo armoniza.

El gran puente que conectaba la ciudad con las afueras, hacía un místico contraste con lo rural del pueblo en el estábamos, el que se alzaba en medio de la ciudad, como un escape a la jungla de concreto, que había sido construido por los españoles cuando llegaron a colonizar… O algo así.

Podíamos ver claramente el Túnel Verde de principio a fin, acentuado por el brillo de la luna sobre la apacible agua de la playa, que reflejaba su color y que esa noche parecía sumergirse en su propia calma.

Philip me rodeo con sus brazos, protegiéndome de la brisa y automáticamente me recosté en él.

⎯ Pensé que el puente estaría encendido esta noche.

Y como si alguien me hubiera escuchado, las luces de colores engalanaron la extensa estructura, que, desde ese preciso punto, parecía infinita, al confundirse con las luces de los rascacielos al fondo.

⎯ Creo que eres mi catalizante ⎯ dijo Philip.

⎯ ¿Tu qué? ⎯ Pregunté seriamente confundida separándome un poco de él para poder verlo frente a frente.

⎯ ¿No has notado que cada vez que nos besamos, o nos tocamos, algo pasa?

Fruncí el entrecejo.

⎯ Eso quiere decir que tú eres mi catalizante.

⎯ No entiendo qué quieres decir.

⎯ Ya vas a entender.

 

Sus abdominales.

Se levantó rápidamente y por la manera en cómo se quitó el suéter, se notaba que Philip se sentía muy cómodo con su cuerpo… El fútbol le asentaba bien.

Sus abdominales parecían de acero, y cuando se quitó el pantalón, exhibiéndose en sus boxers grises, que marcaban sus músculos bien torneados, una revoltura en mis emociones plagó cada una de mis terminaciones nerviosas.

Mis sentidos se intensificaron inmediatamente.

⎯ ¿Qué estás haciendo? ⎯ Le pregunté aturdida por la visión de su masculina figura.

⎯ Voy a meterme al agua.

⎯ ¿A esta hora?

⎯ Quiero mostraste lo que es un catalizante ⎯ dijo sonriéndome una vez más, antes de darse una sonora zambullida.

Escuché su grito de adrenalina antes de tirarse de la roca hacia el agua de la playa.

⎯ ¡¿Estás loco?! ¡Hay piedras allí abajo! ⎯ Le hablé desde la altura.

⎯ Para nada… ¡Ven! El agua está deliciosa.

⎯ ¿Qué? ¡NO! ⎯ Le respondí frunciendo el entrecejo y negándome rotundamente a unirme a él.

⎯ ¿Tienes miedo?

El agua lo llevaba y lo traía lentamente en el mismo perímetro, él parecía disfrutar el movimiento rítmico, pero eso no eliminaba el hecho que aquello era una locura, bueno, tal vez exageraba… Tal vez era una simple estupidez.

⎯ ¿Sabes que muchos depredadores en el océano prefieren cazar de noche?

Él rio.

⎯ No seas miedosa… Te prometo que no pasará nada… Tú eres mi catalizante… Estaremos bien.

Otra vez esa palabra.

⎯ ¿Qué es eso?

⎯ Te lo muestro si vienes aquí ⎯ dijo dando un manotazo en el agua y salpicándome un poco.

⎯ ¡Deja el agua tranquila! Podrías atraer un tiburón.

⎯ Te lo juro que no hay ningún tiburón aquí… ¡Vamos! ¿Qué estás esperando?

Su entusiasmo era contagioso y con su actitud me estaba tentando a lanzarme al agua también. Aunque, tenía varios motivos para preocuparme, mi principal inquietud era que tendría que bañarme en ropa interior. No estaba segura si quería que Philip me viera en esos paños aún.

⎯ Me da vergüenza ⎯ le dije exponiendo mi miedo.

⎯ ¿Vergüenza de qué?

⎯ No quiero que me veas en ropa interior.

Él rio jocosamente.

⎯ Entonces tírate desnuda… A mí no me molesta.

Y por segunda vez esa noche, volví a sonrojarme.

⎯ ¡Philip!

Él siguió riendo.

⎯ No te preocupes tanto… Es más, si quieres me doy la vuelta y no miro.

E inmediatamente volteó en dirección al puente, dándome algo de privacidad.

⎯ Tienes cinco segundos para empezar a quitarte la ropa, si no, saldré a buscarte y te tiraré así mismo.

⎯ ¡NO!

⎯ Tu única salvación es que me dijeras que no sabes nadar, pero creo que ya me lo hubieras dicho, así que ven que te estoy esperando.

⎯ Pero, Philip…

⎯ Tú me hiciste probar una pizza que me parecía asquerosa y terminé descubriendo que era deliciosa… Te prometo que sólo cosas buenas pasarán si entras al agua conmigo.

⎯ Pero es muy tarde…

⎯ Cinco…

⎯ No, Philip… Es en serio.

⎯ Cuatro…

⎯ ¡Philip!

Él no parecía darse por vencido.

⎯ Tres ⎯ continuó el conteo regresivo alzando la voz un poco y haciendo mayor énfasis a medida que disminuía.

⎯ Yo no quiero mojarme…

⎯ Dooooos…

⎯ ¡Está bien! Ya voy ⎯ accedí.

Sería peor si me resistía y realmente me tiraba al con todo y ropa, así que preferí darle una oportunidad.

⎯ Pero no te voltees hasta que esté en el agua.

⎯ Soy un caballero, jamás lo haría.

Ubiqué una parte seca de la peña donde estaba y me quité el suéter, dejándolo reposar allí, en la seguridad, lejos de la humedad.

⎯ ¿Ya te estás quitando la ropa? ⎯ Preguntó él confirmando desde el agua.

⎯ ¡Sí! Sólo estoy acomodando la ropa para que no se moje.

⎯ Así me gusta…

Philip me estaba haciendo sentarme del lado incómodo de la silla. Realmente yo no era tan espontánea como aparentaba, aunque sí rompía algunas reglas de vez en cuando, en verdad, muchas veces prefería mantenerme segura, antes que nada, pero la frescura y el atrevimiento de Philip estaban a punto de despertar una pequeña parte de mi espíritu intrépido, al cual debía dejar salir más a menudo.

⎯ Te estoy esperando…

⎯ Ya voy ⎯ le dije mientras acomodaba mis pantalones tapando mi cartera.

Estaba agradecida porque ese día decidí llevar ropa interior linda. Mi hermana mayor siempre se burlaba de mis encajes de abuelita, como ella les llamaba, pero estaría protegida por el agua, donde Philip no podría prestarle demasiada atención a lo que llevaba puesto.

⎯ Ok… Aquí voy ⎯ dije tomando una bocanada de aire antes de lanzarme al vacío.

Aquello era como disparar una pistola, o saltar de un avión, no debía pensarlo demasiado, simplemente debía seguir mis instintos, que, en ese momento, me guiaban hacia él.

⎯ ¿Ves? No fue tan difícil ⎯ dijo él acercándose hacia mí.

⎯ El agua está helada ⎯ dije apoyándome en sus hombros.

⎯ Yo la siento perfecta ⎯ respondió él sonriendo y acomodando mi cabello detrás de las orejas.

⎯ Será para ti, que eres de Austria y debes estar acostumbrado al frío… Yo siento que me congelo.

⎯ Eso tiene remedio.

Depositó suavemente sus labios sobre la comisura de los míos, podía sentir la sal en su piel, pero no me importaba. Me encantaba sentir la mezcla de sabores que él representaba.

 

Bengalas.

A lo lejos vimos una fugaz línea dorada dibujarse hacia el cielo para terminar en unas luminosas chispas. Nos detuvimos a apreciar el corto espectáculo, mientras el agua no paraba de movernos mientras flotábamos.

⎯ ¿Lo ves? Tú eres mi catalizante ⎯ dijo Philip volviéndose a mí.

⎯ ¿Qué es eso?

⎯ Cierra los ojos.

⎯ ¿En mitad del mar?

⎯ Confía en mí. No dejaré que te pase nada… Sólo cierra los ojos y déjate guiar por mi voz.

⎯ Ok ⎯ respondí aún con dudas al aferrarme todavía más fuerte a él.

Cerré los ojos y permití que el resto de mis sentidos se agudizaran. Podía sentir la humedad sobre la espalda de Philip, mientras me sujetaba con fuerza de sus hombros y el fresco de la playa en la noche llevando y trayendo las olas que nos mecían en armonía.

Él se acercó a mi oído y comenzó a relatar, casi como un tímido viento marino con el pasar de un barco. Su voz era gruesa, mas su acento muy suave, con esporádicos destellos de su alemán.

⎯ Imagina el momento cuando nació tu alma… Imagina al Universo mezclando hermosas sustancias y energías para crearte… Cada una es especial y única, cada una es una parte de lo que te hacen ser tú, inigualable, inimitable, pero necesitas algo más, esa chispa que cree la vida, el vigor, esa chispa que haga latir tu corazón cuando una pluma roce tu mejilla…

Philip pasó su nariz por un costado de mi rostro haciéndome estremecer, allí, en el medio del agua, donde casi bailábamos gracias a las olas que no descansarían en su movimiento.

⎯ Falta la magia que hace posible tu existencia…

Podía sentir una calidez a nuestro alrededor, como si hubieran encendido una afectuosa luz debajo de nosotros, destinada a acogernos.

⎯ Aún no abras los ojos…

⎯ No lo haré ⎯ le confirmé sonriendo.

⎯ Falta el catalizante… Ese ingrediente secreto, esa pizca de pasión, candidez, inocencia y amor, todo al mismo tiempo… Tu catalizante es lo que provocará la reacción que te hará existir…

⎯ Esa historia es muy bonita.

⎯ Sh…

Me mandó a callar.

Su dedo sobre mis labios me silenció, pero lejos de tomarme aquél gesto como una grosería, preferí dejarme llevar por las sensaciones del momento.

⎯ Dicen que cuando el catalizante toca tu alma, la divide en dos, y crea dos seres, completamente independientes, pero unidos por siempre, por la amalgama de la que emergieron.

⎯ Philip… Qué historia tan hermosa ⎯ no pude evitar conmoverme, sintiendo una deliciosa presión en mi pecho que masajeaba mi corazón.

⎯ La mejor parte es que dicen que cuando un ser se encuentra con su catalizante, reacciona… Por la química que los creó… Cuando ese ser se encuentra con su catalizante, el Universo les muestra señales, para que entiendan que son uno solo.

No podía parar de sonreír, enternecida por el relato de Philip, que me absorbía con ese suave acento austriaco y aquellos ojos azules, que, aunque no podía ver en ese momento, sabía que dirigían toda su delicadeza hacia mí.

⎯ Ahora abre los ojos.

Y lo vi, él puente exhibía unas resplandecientes luces que reflejaban sus centelleantes colores sobre la superficie del agua, aún más intenso que antes.

Aquello era un espectáculo visual, ondas de colores llenaron la playa, extendiéndose hasta nosotros, formando figuras indescriptibles en las olas, formando halos que nos envolvían como un gran cinturón.

⎯ Tú eres mi catalizante ⎯ volvió a decir.

⎯ Y estamos haciendo al Universo reaccionar ⎯ concluí.

Él asintió con una dulce sonrisa dibujada en su rostro.

⎯ ¿Cuándo lo supiste? ⎯ Le pregunté.

⎯ Desde el primer momento en que te vi.

⎯ ¿En serio?

⎯ Fue como magnetismo… Sólo supe que debía acercarme… Sólo sentí que debía acercarme.

 

Y todo se mezcló en ese momento.

El dulce de sus besos, con lo salado de las necias gotas que se colaban entre los espacios que libres entre nuestros labios… La luz, el agua, hasta el calor de las estrellas nos alcanzaba.

Y los fuegos artificiales comenzaron, justo a tiempo para sincronizarse con el frescor marino, que trajo flores de colores hacia nosotros, de aquellas silvestres que crecían en el Túnel Verde.

Y pude sentir la calidez nuevamente, la de las luces que nos rodeaban, mientras nos integrábamos como un solo ser nuevamente. Volvíamos a ser una sola alma, una sola energía que se transformaba en claridad, debajo de los rayos de luna que nos bañaban, atrayéndonos seductoramente hacia ella e indicándonos que realmente pertenecíamos el uno al otro.

El mundo físico ya no importaba, Philip era el catalizante que me elevaría a otras dimensiones, donde el tiempo era infinito, donde no tendríamos que parar nunca aquello que sentíamos.

Él me transportaría al que se convertiría en mi nuevo lugar favorito en todo el mundo… Sus poderos brazos que me extasiaban, envolviéndome, protectoramente entre ellos, como no queriendo dejarme escapar, ni por un instante… Como queriendo llevarme nuevamente a donde pertenecía.

⎯ He esperado más de una vida por ti ⎯ dijo separándose un instante de mis caricias.

⎯ Entonces quédate conmigo esta noche ⎯ le imploré casi sin aliento.

⎯ Nada me haría más feliz.

 

 

 

– Parte 3: La soñadora –

 

⎯ ¿A dónde me llevarás ahora?

Preguntó Philip sonriente, claramente disfrutando del toque de mi piel sobre la suya.

⎯ ¿Quieres ir a mi casa?

Noté cómo se le iluminó la sonrisa con aquella pregunta.

⎯ ¿Vives sola?

Podía notar el tono atrevido de su voz.

⎯ No, vivo con mi hermana, pero no está. Se fue de viaje y regresa la próxima semana.

⎯ O sea… Que… Tendríamos la casa solo para los dos.

Me sonrojé con su insinuación.

⎯ Sí ⎯ respondí tímidamente, pero con un cierto destello de valor en mi voz.

⎯ Quiero dormir contigo esta noche ⎯ dijo.

 

Qué directo.

Abrí los ojos de par en par, sintiendo por un momento cómo se cortó mi respiración con semejante petición. La verdad no pensé que Philip fuera tan… rápido.

⎯ Sé lo que estás pensando ⎯ continuó.

⎯ Es un poco extraño que me lo pidas así… ¿Así son todos en Austria?

Rió.

⎯ No, no es eso… Bueno, algunas personas si son así de directas en Austria… En todo Europa en verdad, pero no estoy hablando de acostarme contigo ⎯ decía entre risas.

⎯ ¿No?

Negó con la cabeza.

⎯ He leído mucho sobre los catalizantes y la verdad jamás pensé que fuera encontrar al mío. Me gustaría vivir la experiencia completa y no empañarla con sexo.

Traté de sonreír con un gesto torcido, al mismo tiempo que mis neuronas trataban de entrar en contacto para entenderlo. Sus palabras eran muy confusas.

⎯ Entonces… ¿No quieres tener sexo conmigo?

Un sonoro ronquido precedió a su complacido semblante.

⎯ Y luego me preguntas a mí, si los de Austria somos directos…

⎯ Lo siento ⎯ volví a sonrojarme ⎯. Es sólo que es muy extraño que me digas eso.

⎯ No seas tonta, claro que quiero.

Rozó mi mejilla con la punta de sus dedos, provocando que mi sangre hirviera instantáneamente dentro de mí, asomándose curiosa por el espacio entre mis ojos y la parte alta de mis mejillas.

⎯ Pero todo en su momento. Esta noche sólo quiero disfrutar de tu compañía.

⎯ Eso me tranquiliza… Y mucho.

⎯ ¿Por qué lo dices?

⎯ No sé si estoy lista ⎯ confesé.

⎯ No te preocupes… Cuando digo que quiero dormir contigo, me refiero a eso… Sólo a dormir.

⎯ ¿Me estás diciendo que te provoco sueño?

Una parte de mí aún no comprendía las intenciones de Philip.

 

Y otra vez ese singular ronquido que hacía antes de reírse, que me parecía tan encantador se manifestaba.

⎯ No, tontita… Quiero decir que quiero pasar la noche contigo… Quiero abrazarte y ver el amanecer… Podría abrazarte por siempre.

Y aunque no fue para toda la eternidad, en ese momento me envolvió, allí, en medio del agua, la que nos acogía en su frescor, siendo testigo de nuestra conexión.

⎯ ¿Philip? ⎯ Le hablé sumida en su pecho.

⎯ Dime…

⎯ ¿Por qué yo?

Volvió a separarse de mí para poder hablarme frente a frente.

⎯ Porque el Universo te creó para mí… Y me creó a mí para ti.

⎯ Vámonos de aquí ⎯ lo invité.

 

Necesitaba estar con Philip en un lugar privado, donde pudiera seguir dejándome sentir todo aquello que me llenaba. Necesitaba poder tocarlo sin preocuparme por el frío o la humedad del agua que se estaba volviendo un poco incómoda a esa hora, después de haber estar un buen rato metidos en el mar. Además, cada centímetro de mi cuerpo me pedía a gritos estar a solas con él, aunque sólo fuera para descansar en mi cama y hablar toda la noche.

 

Y un baño.

Necesitaba ir al baño.

 

⎯ Me gusta tu ropa interior ⎯ dijo Philip una vez llegamos a la orilla, destilando agua e intentando no ensuciarnos demasiado con la arena.

Y en ese momento mis mejillas se habían teñido completamente de un rojo escarlata brillante, que ni siquiera la protección de la noche, ni las sombras de las rocas podían ocultar.

Había olvidado por completo mis fachas.

⎯ Te sonrojas por todo.

Volvió a tomarme entre sus brazos, esta vez muy animado, regocijándose con mi vergüenza.

⎯ Dijiste que no ibas a mirar.

⎯ No pude evitarlo… Eres muy sexy.

Mi figura me apenaba, había perdido muchísimo peso por el estrés que me provocaba mi jefe en los últimos dos meses, con sus exigencias absurdas y sus reclamos sin sentido y no lograba llenar la ropa con mis formas.

⎯ Me da un poco de pena que me veas desnuda.

⎯ Bueno, técnicamente no estás desnuda.

Aún así me sentía un poco incómoda con el agua que llevaba impregnada, que no dejaba mucho para alimentar la imaginación, transparentando mi ropa interior y permitiendo a Philip ver tras la delgada tela, una imagen muy clara de mi cuerpo.

⎯ No deberías apenarte ⎯ dijo detallando en cada centímetro de mi ⎯. Estar desnudo es natural, además, eres muy hermosa.

⎯ Creo que mejor nos vestimos, ¿te parece? Me siento un poco incómoda.

Sonrió al tomarme la mano.

⎯ Realmente creo que eres muy hermosa y estoy completamente atraído a ti, así que no tienes por qué avergonzarte.

 

Esas palabras eran tan reconfortantes.

Aunque muchas veces demostraba lo contrario, en el fondo era una chiquilla tímida a la que le costaba sentirse cómoda consigo misma, sobre todo en las situaciones que no podía controlar.

Aunque reconozco que estar medio desnuda con un hechizante austriaco a la orilla de la playa era algo para lo que jamás hubiera estado preparada, bajo ninguna circunstancia.

⎯ Cada minuto me gustas más.

Philip acababa de borrar cualquier rastro de inseguridad con su agradable tono de voz esperanzador y su mirada absorta, los que juntos, me decían entre líneas que debía entregarme a mis sentimientos.

 

Sería la primera vez que llevaría a un hombre a dormir a mi casa, al menos uno que tuviera intenciones más allá de ser únicamente mi amigo. Aunque Philip realmente parecía un caballero y me hacía sentir segura que esa noche no pasaría nada que ambos no estuviéramos de acuerdo en que sucediera.

Subimos en el elevador hasta el piso cuarenta y tres, íbamos callados y comenzábamos a sentir el cansancio de nadar en el mar. Mis hombros se sentían pesados y nuestras sonrisas comenzaban a perder su entusiasmo. Se acercó a mí y pasó su mano detrás de mi cintura y automáticamente me recosté en su pecho, cerrando los ojos por un corto instante.

 

Colores.

Un bokeh adornó mi visión. Los múltiples colores se movían suavemente, como flotando ante mí. Círculos grandes y pequeños me saludaban desde cerca y aunque sentía la tentación de extender la mano y tocarlos, sabía que aquello no era más que un juego de mi mente con las luces del ambiente y la presencia de Philip.

La campanilla del elevador nos anunció que habíamos llegado, abriendo las platinadas puertas ante nosotros, indicándonos el camino hacia el recibidor del piso, el que habíamos decorado mi hermana y yo cuando nuestros padres nos dejaron el apartamento.

Philip silbó, demostrando su agrado por el lugar.

⎯ ¿Eres millonaria o algo así? ⎯ Preguntó mientras entrábamos.

⎯ ¡Ojalá!

⎯ ¿Cómo pagas este apartamento tan lujoso?

⎯ Era de mis papas, pero ellos se mudaron a una finca en las montañas cuando me gradué de la universidad.

⎯ Entonces tus papás son millonarios.

Sonreí.

⎯ No, para nada… Pero, tienen algo de dinero, mi papá es cirujano y mamá farmaceuta.

⎯ ¿En serio? ¡Los míos también!

⎯ ¿De verdad?

⎯ Sí, te lo juro.

⎯ Eso es como algo común… Que los médicos se enamoren de sus visitadoras.

⎯ Creo que sí, así fue como se conocieron mis papás.

 

Toqué un botón en la pared y las cortinas que tapaban los vitrales de piso a techo, descubrieron una vista panorámica de la ciudad. Podíamos ver desde las alturas, la bahía en la que nos habíamos bañado. Y, como una delicada mancha, el túnel verde que tanto me gustaba, el que marcaba el centro de la ciudad.

⎯ Guao… Esto es impresionante ⎯ dijo Philip abriendo la puerta de vidrio y saliendo al balcón.

⎯ Es muy hermoso, ¿verdad?

⎯ Si me hubieras traído aquí antes hubiera pensado que éste es tu lugar favorito.

Suspiré.

⎯ No se compara con sentarse en una roca frente al mar y sentir el agua humedecer mi piel.

⎯ Pero esto no está nada mal tampoco…

 

Poesía.

Cerré los ojos y vi hermosas letras en el firmamento, escritas con tinta de estrellas, que relucían en contra del oscuro cielo. Parecía como si una mano invisible escribiera delicadamente poemas de amor sobre el azul azabachado.

Volví a abrir los ojos y ahí estaba él, admirando el infinito, apoyado en el barandal de vidrio y metal. La brisa movía su negro cabello que se camuflaba con la noche en intentaba secar su ropa, todavía húmeda por el contacto con su piel mojada al salir de la playa.

⎯ Tu gorra.

⎯ ¿Qué? ⎯ Philip se volteó a verme.

⎯ ¿Dónde está tu gorra? La llevabas puesta antes de meternos al agua.

⎯ La dejé en la playa ⎯ dijo pesadamente, llevándose una mano a la cabeza.

⎯ ¿Quieres volver por ella?

⎯ Nah… No te preocupes, no era tan importante.

⎯ ¿Por qué usas gorra en la noche?

Finalmente saciaría mi curiosidad.

⎯ Porque me gusta.

⎯ ¿Sólo por eso?

⎯ ¿Debería haber alguna otra razón?

⎯ La verdad es que pensé que tenías algún tipo de fetiche con tu gorra… O algo así.

Él rio, mientras se acercaba a mí.

⎯ El único fetiche que tengo eres tú.

 

La brisa sopló fuertemente, trayendo consigo una corriente helada, que me congelaba hasta los huesos, mientras Philip me besaba.

⎯ Estoy cansada.

Mis párpados comenzaban a moverse lentamente y mi mente sólo pensaba en mi cama… y en mis almohadas.

⎯ ¿Te parece si nos damos un baño y nos vamos a dormir?

Asentí. Nada sería más placentero en ese momento.

⎯ Debo tener algo de ropa de mi hermano que te puede quedar ⎯ le dije guiándolo nuevamente adentro del apartamento.

⎯ Puedo dormir desnudo… No me molesta.

Su sonrisa de medio lado era tan seductora y sus ojos azules centelleaban cuando hablaba de esa manera.

⎯ Pero aceptaré la ropa de tu hermano ⎯ corrigió pícaramente.

⎯ Tal vez hasta encuentre un piyama.

⎯ ¿Dónde está tu hermano?

⎯ Se fue a vivir con su novia hace unos meses ⎯ le respondí mientras rebuscaba entre las viejas gavetas.

⎯ ¿Tienes más hermanos?

⎯ No, sólo esos dos; mi hermana y mi hermano mayor… Yo soy la más pequeña.

⎯ Yo soy hijo único.

⎯ ¡Qué aburrido!

⎯ A veces lo es, pero no me quejo…

⎯ Aquí tienes ⎯ un par de pantalones largos para dormir y una camiseta serían su atuendo de la noche.

⎯ Gracias.

⎯ Ahora sí, vamos a bañarnos ⎯ sugerí.

 

¿Vamos?

Dije aquellas palabras con tanta naturalidad, que casi puedo jurar que salieron involuntariamente de mi boca. Algún genio malvado de la seducción debió haberse apoderado de mi por un instante, cuando le hice semejante invitación a Philip. Aunque, ya me había bañado con él en la playa… ¿Cuán diferente sería hacerlo en la ducha?

 

“Que van a estar sin ropa, tonta” pensé.

 


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Te contaré el final de esta historia y muchas otras 😉

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  1. Roxaly says: Responder

    Me encantó tu cuento! Te felicito, lograste hacer que sintiera lo que ellos sentían mientras leía y eso lo hacen los buenos escritores.

    5
    1. ritchieccl says: Responder

      Awwwmmm :3
      Gracias, linda <3

      0
  2. Laura Rojas C says: Responder

    Pienso que ya eres una gran escritora, eso es lo que reflejas y estoy segura que así es como te sientes.

    Nuevamente quiero expresarte mi admiración, realmente escribir es un arte y no sólo es cuestión de aprender a hacerlo, pienso que es una habilidad que personas como tú la llevan en su ser, en su esencia.

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    1. ritchieccl says: Responder

      Gracias <3

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  3. Laura Daniela Moreno Sánchez says: Responder

    Adore tu cuento, absolutamente TODO, lo digo en serio, desde las primeras líneas me atrapó y no pude dejar de leer hasta que llegué al final. Incluso se lo recomendé a una amiga mía, y aunque ella no tenga el tiempo para terminarlo puedo afirmarte que le encantará.

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    1. ritchieccl says: Responder

      Me has sacado una sonrisa que me durará toda la noche y más <3 Me alegra que hayas disfrutado el cuento de Austria y que lo hayas recomendado… Gracias <3

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  4. Isa Dlc says: Responder

    Hola!
    Sinceramente el cuento estaba fabuloso, vivi cada capítulo del mismo y no parece en lo absoluto una historia ficticia, mas bien algo real que si sucedio en algun momento de tu vida, en fin eres una super escritora te felicito. Bye

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    1. ritchieccl says: Responder

      Gracias por tus lindos comentarios, Isa <3

      Un abrazote.

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  5. zenaida says: Responder

    Holaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!!!! no sabes cuanto amo tu cuento, Dios!!!!!!! que imaginación la que te cargas, me encantó, es tan mágico, nunca pensé que leería algo así, me has dejado con ganas de más, deseo su reencuentro *-* en serio que si, me hiciste imaginar todo, awwww fue un gran momento, te felicito, me encantó.

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    1. ritchieccl says: Responder

      Gracias por tus lindos comentarios, Zenaida… Me alegra muchísimo que hayas disfrutado el cuento de Austria 😀

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  6. Luna says: Responder

    Buenas Tardes!! Ritchie C.C.L. de verdad que la historia de Austria: Mi novio de ojos azules, me encanto, es muy linda y encantadora.
    Sinceramente es un escrito muy inspirador en cuanto al amor a primera vista y sobre la conexión que pueden tenerse dos personas
    es verdaderamente increíble. Felicitaciones, me fascino, nuevamente recalco es una gran historia. Lo disfrute mucho gracias.

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    1. ritchieccl says: Responder

      Gracias por tus lindos comentarios, Luna. Me alegra que hayas disfrutado la historia.

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