Cuento Corto – La Latina y el Mediterráneo: El día que conocí al amor de mi vida por Tinder

La Latina y el Mediterráneo

RESUMEN: Una chica agotada por la rutina decide tomar una decisión arriesgada y hacer una visita no planeada a un completo extraño que conoció por internet. Sedienta por vivir nuevas experiencias decide tomar el riesgo sin esperar que conocería al amor de su vida, el que llegó del otro lado del mundo para cambiarla para siempre.


La Latina y el Mediterráneo:
El día que conocí al amor de mi vida por Tinder

 

Han pasado ocho abriles.

 

Ocho abriles desde que decidí mantenerme célibe. No estaba segura si esperaría hasta el día en que me casara, si es que algún día decidía casarme, o si sólo aguantaría mientras mis instintos me lo permitiesen.

De lo que sí estaba segura es que sería muy difícil deshacerme de mi virginidad; la había guardado por tanto tiempo que se había convertido en algo importante, algo preciado, revalorado, como un terreno con los años.

“No me gusta… No me gusta… No me gusta… Um… Su nariz…”

Decía para mí misma mientras pasaba frívolamente, como las páginas de un catálogo, los perfiles de los hombres en mi pantalla. Aún no me acostumbraba a aquella forma tan fría de conocer personas, pero me había convencido a mí misma que era altamente efectivo y, si había algo que podía hacerme cambiar de parecer sin importar qué, era ser más efectiva.

Además, si había una parte del cuerpo de un hombre con la que me deleitaba, era la nariz… Así que, ¿cómo podría resistir aquella que admiraba en ese momento? Tal vez era mi pasión por los olores, o el hecho que era el centro de la cara, el punto de balance que provee personalidad y jamás podré negar, aprecio mucho el balance.

Ese hombre tenía una nariz magnífica.

En ese momento hubiera deseado poder tocar la foto y sentir la afilada curvatura en el centro de su exótico rostro, así que sin dudarlo examiné el resto de sus fotos.

⎯ Usa lentes… Eso me gusta ⎯ dije en voz alta.

Tenía un gusto muy particular por los hombres con lentes.

No me tomó mucho tiempo apretar el botón que marcaría mi gusto por el bronceado rubio en mi pantalla, el que tenía un nombre que apenas podía pronunciar.

 

Meir.

            Tal vez la última letra era muda o quizás tendría alguna forma elegante de pronunciarlo… Me fui por el francés, después de todo tenía mucho tiempo sin practicar, así que, como un susurro dije su nombre una vez más… Meir.

Yo le gustaba.

Vi su foto casi salirse de la pantalla cuando descubrí que él estaba interesado en mí. Debo admitir, mi ego se agrandó un poco más.

⎯ Hola ⎯ le dije al extraño.

Nunca me molestó dar el primer paso. Nunca.

⎯Hola ⎯ respondió casi instantáneamente.

⎯ ¿Cómo estás?

⎯ Bien. Poco aburrido.

Él no parecía escribir muy bien, su ortografía era cuestionable y yo trataba de no perder la motivación debido a su gramática, no tenía ganas de sentarme a llorar a esa hora de la noche, así que respiré profundamente y suspiré sintiendo un dolor casi físico mientras leía sus mensajes. Me pregunté sería demasiado perezoso para revisar su escritura o si simplemente no dominaba el idioma. Decidí tomar la segunda opción y calmé al monstruo del español que vivía en mí.

⎯ ¿Por qué? ⎯ Pregunté inocentemente.

⎯ ¿Quieres encontrarme?

Mi cerebro detuvo cualquier intento por continuar escribiendo apenas leí aquellas palabras.

Eso fue rápido.

Y directo.

Bastante directo.

Borré el mensaje a medio escribir que planeaba enviarle y para su gesto impulsivo, utilicé una pregunta aún más impulsiva.

⎯ ¿Ya?

⎯ Sí, ¿quieres?

Me tomé otro descanso mental. Eran casi las ocho de la noche y estaba acostada en mi cama viendo series en el internet, casi lista para tomar mi baño de la noche y ponerme mis piyamas.

⎯ ¿Dónde?

¡¿Qué diantres había hecho?! ¿En serio pretendía encontrarme con un extraño en mitad de la noche?

⎯ ¿Qué tienes en mente? ⎯ Continué con el interrogatorio.

⎯ Ven a mi casa.

⎯ ¿Qué hay de bueno allá?

Podía sentir el incremento del riesgo con cada mensaje que enviaba.

⎯ ¿Qué quieres hacer?

⎯ Bueno, nunca me ha molestado hablar y pasar un buen rato… ¿Con quién vives?

⎯ Solo.

⎯ ¿Dónde vives?

Él estaba hasta el otro lado de la ciudad, debería manejar al menos treinta o cuarenta minutos para llegar allá… Realmente no podía creer que en serio estuviera considerando encontrarme con él.

⎯ Podemos pasarla bien… Hacemos lo que tú quieras.

Y en ese momento, la posibilidad de ser brutalmente violada, luego asesinada y desmembrada en una casa en el medio de un residencial de ricos, se volvía muy real cada vez que inconscientemente aceptaba la propuesta de aquel hombre… Definitivamente no era la forma como esperaba llegar a los titulares algún día.

Comencé a preguntarle algunas cosas, después de todo, ¿de qué hablaríamos cuando llegara a su casa? Bueno, si es que me decidía a continuar con aquella locura.

Mis sospechas eran correctas, él era extranjero, lo cual me atraía aún más, quizás, lo suficiente como para darme el coraje para tomar la decisión y continuar con la no planeada visita, pero, al mismo tiempo me hizo desarrollar muchas hipótesis, incluyendo que él podía ser algún tipo de asesino en serie que usaba la tecnología para atraer mujeres y satisfacer sus necesidades.

 

Una visita peligrosa.

Estaba aburrida en casa, con la pantalla de mi computadora frente a mi, destellando al igual que la televisión a pocos pies de mi cama, sin contribuir ni un poco a cuidar el ambiente.

Tenía calor y estaba frustrada.

Hacía mucho tiempo desde la última vez que algo interesante me pasaba.

Seré honesta.

Hacía mucho tiempo desde la última vez algo me pasaba.

Punto.

 

Por alguna extraña razón estaba temblando, sin embargo, sin pensarlo mucho escribí las palabras que marcarían mi destino esa noche, para toda mi vida.

⎯ Está bien… Vamos a vernos.

⎯ Perfecto.

⎯ Sólo necesito una hora para arreglarme… ¿A qué hora nos vemos?

⎯ A 10… ¿Bien?

Y aunque estaba a punto de cortar mis venas metafóricamente o al menos bloquearlo por no utilizar un corrector de gramática. Decidí levantarme de mi cama y tomar una ducha antes de salir… Bajo cualquier eventualidad, debía estar limpia.

Miré en mi closet, ¿qué sería apropiado para tal ocasión?

Algo cómodo.

“Podrías ser asesinada esta noche

Me recordé a mí misma cínicamente.

Usa algo con lo que puedas correr fácilmente.”

Tuve que darle una bofetada a mi conciencia para que me dejara en paz. Si realmente quería ser una gran escritora, necesitaba experiencias, sin importarme cuan arriesgada, rara o estúpida pudiera ser.

Necesitaba material para escribir.

Tenía un bloqueo mental.

 

Zapatillas.

Sí, usaría zapatillas… Y un par de jeans… Y también un suéter cómodo. Tal vez esa sería la noche en la que pondría a prueba a la atleta en la que me había convertido.

“Una patada en la entrepierna y corre lo más rápido que puedas.”

Aquél era mi plan de supervivencia.

Tomé mi ropa y me la llevé al baño colgando de mi hombro, la puse sobre el estante de las toallas y me metí a la ducha.

El agua fría me pegó fuertemente.

Eso se sintió bien.

Necesitaba relajarme antes de salir y el agua sobre mi piel lograría cumplir la misión, al menos por esa noche.

Me puse mis guantes de baño y limpié mi cuerpo con jabón aromático… Necesitaba de la limpieza.

Siempre necesitaba de la limpieza.

Estaba tentada a tomar mi máquina de rasurar, pero antes de si quiera estirar mi mano, decidí no hacerlo. No había forma que tuviera sexo con él aquella noche.

Yo era célibe.

Habían pasado ocho años desde que tomé una decisión definitiva.

No, no habría manera que yo me acostara con aquél extraño esa noche. Sólo iría a su casa, pasaría un rato con él y me iría.

“¿Debería depilarme ante la posibilidad de ser violada hoy?”

Pero, ¿qué clase de pensamiento era ese? Mi lado independiente no permitiría que siguiera pensando de esa manera tan absurda.

“No vas a ser violada hoy… Deja la paranoia.”

Respondió mi mente instantáneamente, tratando de ser positiva.

Terminé mi baño, pero el agua no limpió mi preocupación.

¿Por qué estaba haciendo esto?

Una gran parte de mi seguía diciendo que era arriesgado, loco y muy, pero muy estúpido, sin embargo, otra gran parte me motivaba a hacerlo y estaba ansiosa por probar una nueva experiencia.

 

“Bueno, si me asesinan hoy… Que así sea.”

Me dije a mí misma mientras me miraba al espejo, al acomodarme mi collar favorito de perlas perfectamente sobre mi suéter. Si iba a morir, al menos lo haría con estilo. Negro sobre perlas, simple pero elegante… Me pregunté si podría utilizar mi collar como un arma… También apropiado para un funeral… Y traté, por undécima vez, de despejar mi mente, en el peor de los casos, saldría en las noticias.

“Una mujer de veintiséis años fue brutalmente asesinada en una casa a medianoche después de encontrarse con un completo extraño.”

Podía visualizar el encabezado, definitivamente sería el hazmerreír de mi país por un rato, sin embargo, vendería muchas copias de los periódicos, así que sería algo así como una escritora famosa vendiendo muchos ejemplares… Bueno, más o menos.

 

Le envié un mensaje confirmando que iría y mientras esperaba porque respondiera, busqué la dirección en internet.

No tenía idea dónde estaba la casa bueno, conocía el área, pero no tan bien como para llegar directamente sin la posibilidad de perderme… Estaba más asustada que un pavo en navidad.

Me confirmó el encuentro, aunque me pidió verlo un poco más tarde, tenía algo que hacer. Parecía importante.

⎯ Lo siento, pero debo preguntarte… ¿Eres alguno de los siguientes: asesino en serie, narcotraficante o violador?

Estoy segura que se rio con mi pregunta.

⎯ No. Soy un buen hombre.

Seguramente así respondían todos los asesinos seriales, o los narcotraficantes y violadores.

⎯ Entiendo tu preocupamiento ⎯ continuó.

⎯ Es la primera vez que hago algo así ⎯ confesé.

⎯ No te preocupes.

⎯ Ok, te voy a creer.

Iba a hacer esto.

Punto.

Diez y media; esa sería la hora en que moriría, por supuesto si planeaba matarme apenas llegaba, tal vez me torturaría antes de aniquilarme.

“No más películas de horror para ti, señorita”.

Me regañé, apagando de una vez y por todas al lado fantástico de mi cerebro.

 

Adrenalina.

Manejé con mis audífonos puestos y dejé que mis canciones favoritas hicieran su magia. James Blunt siempre me ayudaba.

Iba cantando, aún asustada, pero gradualmente iba dejando mis miedos de lado, haciendo espacio para una nueva y deliciosa emoción; aquella experiencia sería como lanzarse en paracaídas o nadar con tiburones.

Instintos tan agudos que ni siquiera necesitaban de la vista para ser los depredadores que eran. Estaba pensando en cómo ellos destruyen a sus presas, así que si ese hombre se atrevía a hacer algo en contra de mi voluntad me convertiría en un tiburón blanco, mi animal favorito en todo el mundo.

Paré de vagar por los lugares más bizarros de mi mente, que a veces eran demasiados, y comencé a concentrarme en el manejo y le permití a mi mente fluir en pensamientos mundanos.

Y pensé en mi cumpleaños, no había manera en que me lo perdiera ese año. Cumpliría veintisiete y quería algo especial; ordené un corsé que me llegaría la semana siguiente, así que no podría morir sin usarlo para mi cumpleaños. Lo quise por mucho tiempo, desde que era una adolescente… Qué pensamiento tan vanidoso.

Decidí no pensar… Claro, porque mi Descartes interno podría dejarme vivir en un mundo sin pensamientos. Me reí conmigo misma ante mi sarcasmo con un toque intelectual.

Una llamada finalmente me interrumpió.

Solté mis audífonos y contesté.

⎯ Hola ⎯ dije.

⎯ Hola ⎯ respondió él ⎯ … ¿Viene?

Ese acento.

⎯ Sí, voy en camino.

⎯ ¿Sabes dónde ir?

⎯ En verdad no, estoy un poco perdida.

⎯ ¿Tienes GPS?

⎯ No…

⎯ ¿Y cómo llegas?

⎯ No te preocupes… Soy buena encontrando lugares… Estoy cerca, yo llegaré.

⎯ Ok… Te veo pronto.

⎯ Ok ⎯ colgué.

 

Mi corazón estaba latiendo fuertemente cuando comenzó a llover y mi vista se nubló por la delgada capa de neblina que cubría mis ventanas. Era un poco difícil manejar así.

⎯ No me voy a chocar… Al menos tendré la decencia de llegar a él en una pieza para que me descuartice luego.

Pronunció mi lado pesimista en voz alta.

Manejé por una calle y luego por otra, realmente no estaba clara a dónde debía ir. Todo lo que sabía es que debía buscar una casa roja.

 

Roja.

Como la sangre.

La sangre que corría en mis venas en este momento, congelándose desde adentro, gracias al aire acondicionado.

Subí un poco la temperatura.

Mejor.

Seguí la dirección en la que estaban estacionados algunos autos sobre la vía, esa táctica no me fallaría de seguro. Recordé mis largas caminatas por la ciudad, las que extrañaba tanto. Solía caminar sin rumbo por los recovecos que llamaban mi atención. Esa noche estaba haciendo algo similar.

Unos metros más adelante vi a un chico entrando a su casa. De inmediato me detuve, bajé la ventana y le grité.

⎯ ¡Buenas noches!

⎯ Hola ⎯ respondió él luciendo asustado y sorprendido.

⎯ Disculpa… ¿Sabes dónde queda la calle Morgan?

El rápido cambio en su expresión facial me anunció su respuesta antes de si quiera abrir la boca.

⎯ No tengo idea… ¿Sabes algo más?

⎯ Sólo sé que debo ir a una casa roja en la calle Morgan.

⎯ Um… Bueno, no sé dónde queda la calle Morgan, pero creo que he visto una casa roja en una de estas calles que viene… Sólo sigue el camino…

⎯ ¿Sólo hay una casa roja por aquí?

Después de pronunciar aquella pregunta comprendí lo tonta que podía ser… Aquella era un área residencial muy grande, debía haber varias casas rojas… O tal vez no.

⎯ No estoy seguro… Sigue manejando por la vía.

⎯ Ok. Gracias.

No estaba segura si las medias instrucciones serían de ayuda, pero no sería una malagradecida con el chico, así que sólo sonreí y seguí mi camino.

Me mentalicé en que si encontraba la casa sería porque estaba destinada a encontrarla y si no, bueno, me daría vuelta y regresaría a mi casa.

En ese momento acepté lo que estaba escrito para mí.

Pocos minutos después me topé con una casa color ladrillo, aquello definitivamente debía contar como rojo. Las luces del porche estaban encendidas y había un sedán blanco estacionado afuera. Había un poco de alboroto.

 

Llamé a su teléfono.

No respondió.

Volví a llamar.

Tampoco respondió.

“Aún estás a tiempo de arrepentirte.”

            Pensé.

Y a pesar de mi escepticismo, decidí llamar una vez más; la tercera era la vencida.

⎯ Disculpa… Estoy ocupado ⎯ respondió ⎯ … Dame un minuto. No te vayas.

Sonaba un poco agitado. Ni siquiera me dio tiempo de responder.

 

Estacioné mi carro un poco más adelante, sin interferir con la salida de la casa y ajusté el espejo retrovisor para poder mirar directamente a la puerta.

Y lo vi.

No esperé que fuera tan… Exótico.

 

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CALIFICACIÓN:

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  1. Danny Rodriguez says: Responder

    Hola.
    Pues bueno, La Latina y el Mediterráneo me encanto, soy una chica muy romántica, por lo cual me cautivo al máximo el cuento, me dejaste ver una forma de amor diferente, amor a primera vista, eso fue lo que más me cautivo.
    Gracias por regalarme tu historia.
    Daniela.

    5
    1. ritchieccl says: Responder

      Awwwwwmmmmm :3
      Gracias a ti por leerme <3

      0
  2. Esther Abril Perez Montiel says: Responder

    Pues que te digo, no me gusto mucho el final son cuestiones de gusto, pero me gusto mucho la personalidad y los diálogos interiores de ella. Me fascino como el la admiraba por su belleza y el respeto hacia ella. Hermosa historia.

    5
    1. ritchieccl says: Responder

      Me da curiosidad, ¿por qué no te gustó el final?

      0
      1. Esther Abril Perez Montiel says: Responder

        Hola, veras, digamos que el final estuvo muy bien, porque estuvo muy lejos de mi imaginación, osea lo que yo queria y creia que pasaria no paso, que fue, el que ellos terminaran juntos con una vida…. el final estuvo muy bien solo jajajaj lejos de lo que yo imaginaba.

        0
        1. ritchieccl says: Responder

          Sí, creo que todo el mundo quería que ellos quedaran juntos, aunque te soy sincera, a veces no soy tan fanática de los finales felices que todo mundo espera 😉

          0
  3. Nanda Nanda says: Responder

    Me encanto me imagine que era la protagonista jejejej. Gracias por escribirlo, espero con ansias otras historias.

    5
    1. ritchieccl says: Responder

      Que bueno, Fernanda… Bueno, historias nuevas vendrán. De hecho, hace poco salió una, es una serie llamada El viaje de Yani, una historia paralela a mi novela Yo no soy Sarah Piggs – http://www.yonosoysarahpiggs.com 😉

      Este es el primer capítulo https://ritchiecclancaster.com/serie-el-viaje-de-yani-capitulo-1/

      Espero la disfrutes.

      0

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