Dios 2.0: El flagelo de la religión y cómo está acabando con el mundo.

Dios 2.0: El flagelo de la religión y cómo está acabando con el mundo.

Creo firmemente en que debemos separar la religión de la ley para no convertirnos en inquisidores que condenan a aquellos sólo porque piensan diferente a nosotros.

 

A los quince años me ‘botaron’ de la iglesia católica.

Aparentemente mis ideas y, sobre todo, mis preguntas eran demasiado progresistas y polémicas para formularlas bajo el magno techo de una institución de pensamiento tradicional.

Porque decir que haber tumbado La Torre de Babel fue un atentado contra el avance de la ingeniería y una clara manifestación de orgullo nocivo, es un pecado.

O, tal vez cuando me pregunté por qué Dios tuvo que poner un árbol con ‘el fruto prohibido’ en el medio del jardín, cuando hubiera sido más fácil simplemente no ponerlo y evitar tentaciones para cualquiera.

Supongo que yo no estaba lista para la iglesia, o tal vez, la iglesia no estaba lista para mi… Así que mi catequista tuvo una conversación conmigo, en la que la conclusión fue que tal vez era mejor que explorara otras opciones.

En cualquier caso, aquella era una mala relación, en la que me levantaba temprano los domingos para asistir a una clase de catecismo en donde todos y cada uno de mis compañeros me miraban de reojo, no se atrevían a hablarme o se quedaban petrificados cuando alzaba la mano para preguntar algo.

Tal vez la culpa la tenga Anne Rice y sus crónicas vampíricas, o pensándolo mejor, seguro fue J.K. Rowling, llenándome la cabeza de ideas fantásticas con ese tal Harry Potter.

 

Yo apoyo el Estado Laico

Esta mañana leía las noticias; el tema de la sexualidad inunda mi Facebook desde hace unas semanas, todo el mundo está hablando de esto… Sinceramente ya me estoy aburriendo.

Mis redes sociales están parcializadas; por un lado, tengo a mis amigos religiosos, totalmente en contra, muriendo por la verborrea digital de la que padecen, expresando su opinión y cómo estamos encaminados a dañar la moral, las buenas costumbres y a confundir a los niños desde muy temprana edad.

Claro, porque la moral, las buenas costumbres y los niños no confundidos es lo que abunda en este punto de la historia… Definitivamente, no queremos dañar eso.

Todavía no entendemos que la moral y las buenas costumbres comienzan cuando dejamos de matamos porque mi vecino es musulmán y yo soy judío…

Cuando dejamos de caminar al lado del mendigo con repudio e indiferencia, asiéndonos a nuestras carteras Michael Kors de trescientos dólares como si nuestra vida dependiera de ello.

La confusión de nuestros niños termina cuando los adolescentes que aún no tienen permiso para conducir un auto, dejan de vivir en la ignorancia y tener embarazos precoces.

Pero, seguramente el bebé de una quinceañera soltera no tendrá ningún tipo de confusión a lo largo de toda su vida…

Recordemos que:

Lo que nunca confunde es reprimir el derecho a tener una sexualidad sana y educada.

Lo que nunca confunde es discriminar a mi hermano por tener una preferencia distinta a la mía.

Eso nunca confunde.

– Por favor, nótese mi sarcasmo.

 

Entonces, yo me pregunto: ¿Por qué el pensamiento de un grupo debe ser la ley de todos?

Creo que una ley no debe ser influenciada por ideologías religiosas, una ley debe servir a la lógica, debe satisfacer un proceso que tenga sentido para la gran mayoría y no para un grupo de individuos que se reúnen tres veces por semana en una iglesia para lavar sus pecados, para luego salir de allí y atacar a todos los que no piensan como ellos.

Me parece irónico que a pesar que las religiones sean conocimiento, atenten exitosamente contra él, como ya ha sucedido en diferentes puntos de la historia como:

  1. La Inquisición.
  2. La quema de libros en China en los 200 a.C.
  3. La caída de Alessandria.
  4. La colonización de América.
  5. Y por supuesto, el derrumbe de la supuesta Torre de Babel.

Todos movidos por la sed de un grupo, que siempre deseó unificar pensamientos de una manera tajante, abrupta, inconsciente y dominante… Hasta me atrevo a llamarla: repugnante.

Unos grupos que creían tener bajo la manga, la verdad absoluta, amparados bajo un mismo paraguas: La religión.

Y sólo para aclarar, no soy atea.

¿En qué momento el conocimiento se convirtió en pecado?

Y muchos padres me responderán: Lo que pasa es que no quiero que mi hijo/a esté expuesto/a a algo para lo que no está listo.

Yo pensaría, en mi humilde opinión, que hablarle de sexualidad a una niña o niño de cuatro años no tiene mucho sentido y probablemente no lo tenga, sin embargo, es un hecho que muchos niños comienzan a jugar con sus pequeñas partes, curiosos, explorando esos lugares de sus cuerpos que los padres siempre cubren con ropa.

Como ser humano, ¿no tengo derecho a saber que tengo un pene o una vulva entre las piernas? ¿No tengo derecho a llamar esas partes con todas sus letras? ¿No tengo derecho a saber que el punto donde ambos se encuentra trae a un nuevo ser al mundo? ¿Realmente me consideran tan inepto e incapaz de entender eso?

Si los niños son el futuro, ¡qué poca fe tenemos en ellos!

Pero no olvidemos que somos una sociedad de religión y tenemos mucha fe, en todo, excepto en nuestros niños.

Y no me voy a sentar a escribir dos mil palabras para hablar sobre cómo criar a los hijos. Me queda claro que no tengo potestad, ni debo influir en las decisiones que cada padre toma con su hijo, porque ese es su derecho.

 

Nos gusta apegarnos a la ley del menor esfuerzo. Demasiado.

Recuerdo perfectamente que en mis clases de física me enseñaron que la materia no puede estar en dos lugares al mismo tiempo… Entonces, ¿dónde queda la física cuántica? ¿Acaso no acaba con ese hecho? Parece que lo que pensé era correcto durante toda mi vida, la Profesora Laura Mersini-Houghton, cosmóloga y física teórica de la Universidad de Carolina del Norte, lo desmintió en apenas una frase.

Con esto quiero decir que el conocimiento nos ayuda a avanzar, pero si tratamos de mantenerlo tras el telón por miedo a que nos haga pensar demasiado, porque es más fácil dar por sentado lo que nos han enseñado aquellas instituciones, cuyos libros no han sido actualizados en miles de años, estamos siendo perezosos.

Y no tengo nada en contra del conocimiento milenario, pero, si nos negamos a promover iniciativas que vayan de la mano con las necesidades que tenemos actualmente, estamos mal.

Muy mal.

 

¿El progreso acaricia tus lares?

Quiero pensar que, como sociedad, tomaremos la decisión más inteligente, la de instruir a aquellos que no tienen una educación sexual sana en casa, me atrevo a decir, sin miedo a equivocarme, que una gran cantidad – si no es mayoría – de esos embarazos adolescentes no sólo son producto del alboroto hormonal de dos chiquillos rebeldes que aún no aprenden a controlarse, estoy segura que también son producto de la desinformación.

 

No creo que la religión debería ser la base en la que se cimenta el destino de un país, cuando claramente son dos conceptos absolutamente paralelos.

 

Un país, un estado, un gobierno es materia, es tangible, regido por las leyes de la física… La religión es etérea, regida por la influencia que tienen las creencias que dicta tu corazón.

 

Después de todo, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, ¿no?

Por todo esto creo que es absurdo atacar una decisión política con argumentos meramente religiosos… Es como tratar de restar peras y tazas de café.

 

Dios 2.0

Me gusta pensar que Dios no es como me lo pintan algunas personas, que no es ese ser externo y lejano que sólo está en alguna nube observándonos, tomando nota de todo lo que hacemos, esperando por el día final para pasarnos la factura de nuestros pecados y castigarnos severamente por todo aquello que hicimos y según su juicio está mal.

Me gusta pensar en Dios como un sentimiento interno… Después de todo, si se supone que fuimos creados a su imagen y semejanza, ¿no deberíamos tener algo de Dios dentro?

 

Un católico… Me echó de la iglesia.

Un budista… Me escuchó cuando nadie más lo hizo.

Un evangélico… Me criticó severamente por pensar diferente a él.

Un pagano… Me dio posada.

Un judío… Rompió mi corazón.

Un adventista… Me dio consejo.

Un santero… Me traicionó.

Un musulmán… Me llamó hermosa.

Un ateo… Salvó mi vida en mi cumpleaños.

 

Al final del día, no es la religión la que define a la persona, es la persona la que define la religión, toma lo que le place y lo interpreta como más le conviene, ya sea para crear o para destruir, lamentablemente parece que la balanza está más pesada hacia el lado de la destrucción, porque es más sabroso escuchar el estruendo de la explosión y ver el espectáculo de añicos, es mucho más divertido que disfrutar de la paz… En silencio.

con amor,

Ritchie.

 

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