Serie Romántica: El viaje de Yani – Capítulo 4

El Viaje de Yani - Capítulo 4

En estas últimas dos semanas tuve la oportunidad de hacer varios viajes que me han llevado a aprender muchas cosas de mi misma que jamás había si quiera sospechado.

Estuve un poco ausente de las redes sociales y de mi blog, sin embargo, siento que he crecido internamente y que ahora estoy lista para dar mucho más de mi, de una manera más óptima y llena de mucho amor, la fuerza más poderosa en el mundo.

Siempre escribo de amor y realmente me gusta, sin embargo, creo que nunca lo había apreciado de la manera como lo estoy haciendo en este momento… Simplemente porque no había tenido la oportunidad de vivirlo de la manera como lo estoy haciendo en este momento.

Siempre me ha gustado el tema del amor porque me motiva cada día a poner un pie fuera de la cama, porque el amor me hace entender que soy más que carne, fluidos y huesos.

Soy piel que se eriza con el tacto.

Soy corazón que late con la interacción humana.

Soy un alma que brilla al encontrarse a sí misma.

Realmente hoy siento que brillo y que estoy lista para cada día brillar más, escribiendo y compartiendo mis historias con el mundo, con quien desee leerme. Estoy lista para hablar aún más de amor, porque he aprendido a apreciarlo como nunca antes.

Estoy lista para erizar pieles, tocar corazones y seguir brillando.

– R.

 

SINÓPSIS: Después de ver a su novio quitarse la vida frente a ella, una joven toma la decisión de ayudarlo, incluso cruzando las fronteras de la muerte, demostrándole a su amado hasta dónde estará dispuesta a ir por amor.

EN ESTE CAPÍTULO: Ana y Yani están por pasar su último fin de semana juntos, antes que él se vaya a vivir a Japón, un imprevisto cambiará el objetivo de su viaje.

 


El viaje de Yani

– Capítulo 4 –

Mi teléfono vibró fuertemente en el bolsillo trasero de mi pantalón. Me moví un poco, haciendo sonar el cuero del asiento trasero del auto de mi primo James, quien amablemente se ofreció llevarnos a mí y a Yani al terminal para tomar el expreso de medianoche hacia Chiriquí.

Originalmente mi papá era quien nos llevaría, pero el pobre no contaba con que quedaría exhausto después de bailar gran parte de la noche con su novia María Alejandra, quien era maestra de flamenco en el club de baile al que Yani y yo asistíamos. Ella, como decía mi papá, no podía escuchar el sonar de una lata porque quedaba atrapada en la pista de baile, secuestrada por la música y llevándose a mi papá con ella con cada oportunidad que tuviera.

⎯ Frederika me escribió ⎯ comenté sonriente mirando la pantalla de mi teléfono.

⎯ ¿Tu amiga alemana? ⎯ Preguntó Yani, quien estaba sentado a mi lado.

⎯ Sí ⎯ hice una pausa mientras leía rápidamente el correo ⎯. Dice que va a venir a Panamá en unos meses.

No pude contener mi emoción al enterarme de esa noticia.

⎯ ¿Quién es? ⎯ Preguntó James sin quitar atención al manejo.

⎯ Es una amiga que vivió en mi casa por mes y medio cuando estaba haciendo un voluntariado aquí en Panamá el año pasado… Nos escribimos regularmente desde que se fue.

⎯ Suena muy bien eso ⎯ intervino Emilie, la novia de primo, volteándose a mirarme ⎯. ¿Cuánto tiempo se queda?

Leí un poco más buscando, respuesta a la pregunta de Emilie.

⎯ Dice que sólo estará en Panamá por tres días, que luego se va a mochilear por Colombia durante dos meses… Me está preguntando si quiero ir con ella.

⎯ ¿Por tanto tiempo? ⎯ Preguntó Yani.

⎯ De repente no me puedo ir los dos meses enteros, pero podría tomarme al menos uno… Tengo vacaciones acumuladas en el spa.

⎯ Yo viví en Medellín por unos meses ⎯ comenzó a contar Emilie.

⎯ Cuando estabas con la misión del cuerpo de paz, ¿no? ⎯ Agregó James en tono de pregunta, mientras tomaba la mano de su novia por un momento.

⎯ Sí.

⎯ ¿Y qué tal? ⎯ Pregunté.

⎯ Es hermoso… Definitivamente deberías ir, Ana… Si yo pudiera también me iría de mochilera por un tiempo.

⎯ ¿En serio, amor? ⎯ Le preguntó James, mirándola un poco extrañado.

En verdad Emilie no parecía el tipo de mujer que se colgaría una mochila al hombro para aventurarse en un país y recorrerlo a pie y en autobuses con un par de amigos.

No la conocía mucho, pero parecía tan delicada y elegante que jamás podría imaginármela con pantalones cargo… Seguro usaría sus bailarinas rojas con ella.

Reí para mis adentros.

⎯ ¡Claro! Me encantaría conocer Colombia así… Y no encerrada en el apartamento de la misión la mayoría del tiempo, como aquella vez.

⎯ Tal vez deberíamos hacerlo ⎯ le comentó James.

⎯ ¡Ay! ¡Sí, amor! ¡Hagámoslo!

⎯ Podrían ir con Ana ⎯ se animó a decir Yani.

⎯ Eso suena bien ⎯ respondió James.

⎯ Cálmense… Ni siquiera he dicho si voy a ir o no ⎯ me quejé entre risas ⎯… Además, quiero ir a visitar a Yani en Japón, así que no quiero gastar dinero en otros viajes.

⎯ Igual deberías ir ⎯ comentó él.

⎯ Pero no me quiero gastar el dinero que tengo a menos que sea para ir a verte, Yani ⎯ me dirigí a él.

⎯ Puedes pasar primero por Colombia y luego ir a verme a Japón.

⎯ Si vas a mochilear, cuenta conmigo… Supongo que puedo tomar un par de semanas más.

⎯ ¿Crees que Johanna te deje? ⎯ Se dirigió James a Emilie. ⎯ Mira todo lo que te hizo pasar para darte estas vacaciones.

⎯ Yo me las arreglo con ella, amor… Me debe una muy grande, por eso pude venir.

⎯ ¿En serio? Cuéntame…

⎯ Más tarde.

La química entre mi primo y su novia era muy obvia, nunca lo había visto tan deslumbrado por una mujer. Él generalmente era muy dulce, pero con Emilie rayaba en lo meloso, sin embargo, era lindo verlo así después de estar tan solo por varios meses. Podía ver cómo le acariciaba la mano mientras manejaba y la mirada idiotizada que le dirigía cada momento que podía.

Yo extrañaría eso de Yani.

Mucho.

Me recosté en el hombro de mi novio, acomodándome lo mejor que podía, buscando su calor y algo de cariño, él me rodeó con sus brazos, donde me acogió amorosamente, llenándome de su dulce energía.

⎯ Voy a extrañar tu olor ⎯ le dije en un tono de voz casi imperceptible.

⎯ Y yo el tuyo ⎯ respondió dándome un beso en la frente.

⎯ Iré a ver muy pronto.

Él asintió sin decir nada.

 

Un fuerte estruendo hizo que James diera un frenazo de repente. La fuerza del golpe me hizo moverme hacia adelante estrepitosamente.

El sonido de los cristales de la lámpara trasera quebrarse me sacó de la paz que compartía con Yani en el cómodo asiento.

⎯ ¿Qué fue eso?

⎯ Nos acaban de chocar ⎯ dijo James inmediatamente acelerado y para nada contento mientras se bajaba del carro.

Emilie lo imitó.

Miré por la ventana trasera y en efecto, otra camioneta nos había chocado, aquello era un poco extraño, ya que la calle estaba peculiarmente despejada, cerca de las diez de la noche.

⎯ Creo que vamos a tener que tomar un taxi hasta la terminal ⎯ comentó Yani mirando hacia atrás.

⎯ ¿Vamos a dejar a James y a Emilie?

⎯ No podemos perder el autobús.

Respiré profundamente, tratando de pensar rápidamente.

⎯ Tal vez esta es una señal que debemos quedarnos ⎯ le dije a Yani.

⎯ ¿Qué? ⎯ Objetó él, enarcando una ceja. ⎯ Este es nuestro último fin de semana juntos antes que me vaya y estás diciendo que no debemos hacer este viaje.

⎯ Lo siento, creo que hablé sin pensar.

⎯ Tengo una sorpresa planeada para ti.

En verdad detestaba las sorpresas.

⎯ ¿Cuál?

⎯ Si te lo digo ya no será sorpresa.

Precisamente eso era lo que me molestaba de las sorpresas, la angustia de no saber qué pasaría.

⎯ ¡Yani! ⎯ Dije dándole un suave golpe en el estómago.

⎯ No te diré.

⎯ Entonces, ¿para qué me dijiste que tienes una sorpresa?

⎯ Para torturarte ⎯ respondió Yani entre risas.

⎯ ¡Yani! ¡Dime!

⎯ Sé paciente… Cuando lleguemos a Chiriquí te digo.

⎯ ¡No! No voy a poder dormir si no me dices.

⎯ El día que repartieron la paciencia, tú te saliste de la fila desesperada por no avanzar ⎯ dijo él muy animado abrazándome.

⎯ ¿En verdad no presentías que prepararía algo espacial para nosotros? Este es nuestro último fin de semana juntos, Alpha.

⎯ ¡No me digas, Alpha!

Estaba segura que Yani estaba buscando ganarse una pelea gratuita, primero me decía que tenía una sorpresa para mí y luego me llamaba por mi nombre completo. Sin embargo, él parecía estar feliz, supongo que, a su manera, a veces un poco retorcida, buscaba sacarle el mayor provecho a cada segundo que nos quedaba juntos.

⎯ Ahora tienes que decirme cuál es la sorpresa… Me lo debes.

⎯ Sí, mi linda impaciente ⎯ respondió llenándome de besos en la frente mientras me apretaba aún más entre sus brazos.

⎯ ¡Yani! No trates de distraerme y dime.

Lo conocía demasiado bien como para dejarme engañar. Sabía buscaba cambiarme el tema.

⎯ Está bien… Está bien ⎯ hizo una pausa antes de continuar ⎯. Iremos a una ceremonia.

⎯ Una ceremonia… ¿Qué tipo de ceremonia? ⎯ Pregunté enarcando una ceja.

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