Serie Romántica: El viaje de Yani – Capítulos 5 y 6

El Viaje de Yani - Capítulos 5 y 6

Ayer tuve un intento fallido para hacer una sesión en vivo en mi página de Facebook, aparentemente una fuerza suprema, el destino, el Universo o alguna ramita de té mal puesta, no quería que me conectara como se debía. Tuve muchos algunos problemas técnicos con el audio… Para la próxima sesión en vivo me irá mejor 😉

En fin, terminé grabando una serie de videos actualizando a mis lectores sobre varios temas y quiero compartirlos por aquí también, aprovechando el espacio.

1. Gracias por sus lindos mensajes <3

#1 Gracias.

Posted by Ritchie C.C.L on Tuesday, June 7, 2016

2. Mi respuesta para Anayansi

Hace unas semanas, escribí un artículo sobre una de mis lectoras, Anayansi, quien me escribió contándome su experiencia después que su hermano Oreste se suicidará. Su historia me tocó tanto que escribí un artículo al respecto: A mi querida lectora: La verdadera historia de Ana, después de leerlo, Anayansi volvió a escribirme y decidí mandarle un mensaje, porque creo que llega un punto en donde las letras se quedan cortas.

#2 Anayansi.

Posted by Ritchie C.C.L on Tuesday, June 7, 2016

3. Noslen de Venezuela

Constantemente me llegan historias de chicas a mi correo, me cuentan sobre sus amores, sus desilusiones y hasta problemas de familia, debo confesar que me halaga mucho la confianza que han depositado en mi y por eso quise responderle a Noslen, una chica que me envió un escrito contándome cómo se siente ahora que está pasando por un momento difícil en su vida.

#3 Noslen – Venezuela.

Posted by Ritchie C.C.L on Tuesday, June 7, 2016

4. Yo no soy Sarah Piggs y El Viaje de Yani

Sí, estuve en un hiato, pero eso no quiere decir que haya parado, ni considere parar de escribir. Me alegra saber que están pendientes de mi y mis escritos.

También ya es momento de anunciar que a partir de la próxima semana, mis lectoras/es en Colombia podrán comprar mi novela Yo no soy Sarah Piggs – www.yonosoysarahpiggs.com haciendo pagos en efectivo, a través de Bancolombia y El Banco de Bogotá.

#4 – Yo no soy Sarah Piggs y El Viaje de Yani#4 – El Viaje de Yani y Yo no soy Sarah Piggs

Posted by Ritchie C.C.L on Tuesday, June 7, 2016

5. El Viaje de Yani – Capítulos 5 y 6

Como anuncié en el video #4, esta semana no sólo publico un capítulo de El Viaje de Yani, estoy publicando dos, sé que los viajes en el tiempo no son posibles – o al menos eso dicen – pero lo que sí puedo hacer es reponer las semanas perdidas durante el mes de mayo.

Me encuentro ya escribiendo el capítulo 7 y saldrá muy pronto.

Estos dos capítulos particularmente me han gustado mucho y me atrevo a decir que son mis favoritos de la serie hasta ahora, tienen el toque mágico y misterioso que me gusta, sin dejar de lado la sensibilidad del amor que viven James y Emilie, personajes de mi novela Yo no soy Sarah Piggs.

Habiendo dicho esto, los dejo con los capítulos 5 y 6 de la Serie Romántica El Viaje de Yani.

– R.

 

SINÓPSIS: Después de ver a su novio quitarse la vida frente a ella, una joven toma la decisión de ayudarlo, incluso cruzando las fronteras de la muerte, demostrándole a su amado hasta dónde estará dispuesta a ir por amor.

EN ESTOS CAPÍTULOS: La vida no es más que una sumatoria de decisiones, así que después de tener un extraño sueño Ana decide no ir al funeral de Yani, sin embargo, un evento inesperado ya tomó esa decisión por ella. Por otro lado, James, el primo de Ana recibirá una noticia importante de su novia Emilie, la decisión que tomará cambiará el rumbo de sus vidas.

 


El viaje de Yani

– Capítulo 5 –

 

 

⎯ Ya es hora de levantarte. El entierro comienza en una hora.

⎯ No sé si quiero ir.

No estaba segura de dónde habían salido esas palabras, sin embargo, la expresión en el rostro de mi papá no se hizo esperar cuando exhibió sin reparo la palidez en sus mejillas… Y en su frente… Y en sus labios… Creo que hasta sus ojos palidecieron un poco, perdiendo brillo en el elegante tono café que los caracterizaba.

Estoy segura que no se esperaba esas palabras.

Ni en un millón de años.

Ni en un billón de años.

⎯ Ana, ¿te sientes bien?

Asentí mientras me acomodaba a la orilla de la cama.

⎯ Me siento bien.

⎯ ¿Y por qué de repente no quieres ir al entierro?

⎯ Tuve un sueño.

Mi papá enarcó una ceja. Podía sentir su mirada cínica penetrándome hasta el alma. En parte me reclamaba por el viaje que habíamos hecho hasta Chiriquí y por los días que tuvo que salir de la ciudad y en parte, atónito, no comprendía mis razones para cambiar de opinión en algo tan importante como despedirme de Yani.

⎯ Tuviste un sueño ⎯ repitió dubitativo.

Volví a asentir, esta vez un poco más segura de mi decisión.

⎯ No iré al entierro, papá.

⎯ Ok… ¿Estás segura que eso es lo que quieres?

⎯ Sí ⎯ dije, respaldando mi respuesta con el asentir de mi cabeza.

⎯ ¿No te queda ninguna duda que eso es lo que quieres?

⎯ Ninguna.

Mi papá respiró profundamente y se sentó a mi lado, hundiéndome ligeramente en la suavidad del colchón.

⎯ ¿Quieres hablar sobre el sueño que tuviste?

Moví los hombros hacia arriba y hacia abajo, con un leve tono de rebeldía implícito en el movimiento.

Mi papá tomó mi mano, acogiéndola en la calidez de las suyas. Sentí unas inmensas ganas de llorar, sin embargo, me contuve. Ya estaba muy cansada de derramar lágrimas y más lágrimas que no me llevarían a nada.

⎯ En mi sueño vi a Yani ⎯ comencé a decir como en piloto automático.

⎯ No esperaba otra cosa.

Mis ojos se debatían entre mirar hacia la pared o hacia el piso, inquietos por las palabras que salían de mi boca.

⎯ Sé que Yani está sufriendo por la decisión que tomó… Pero… Al final de todo, fue su decisión, papá… Y no hubo nada que yo pudiera hacer para evitarlo.

Paré un instante.

⎯ Si él hubiera querido luchar, lo hubiera podido hacer… Contaba con mi apoyo incondicional y simplemente me negó la oportunidad de ayudarlo. Él escogió esto y no es justo que ahora yo sufra por lo que él hizo.

No pude más.

Tenía que dejar a mis lágrimas correr.

⎯ En mi sueño también me ignoró y siguió su camino… Y me di cuenta que realmente no hay nada que yo pueda hacer… Yani se fue porque quiso y no porque fue tomado… Tenía opciones… Me tenía a mí y, simplemente… No me quiso como una opción.

Mi papá apretó un poco más fuerte mi mano.

Él era tan lindo.

Siempre me apoyaba en todo.

Sin importar la situación.

Mi papá me amaba incondicionalmente.

⎯ Y, por eso…

El llanto me dificultaba hablar, sin embargo, hacía mi mayor esfuerzo para no parar y simplemente sacar todo eso de mi pecho.

⎯ Es que no quiero ir al funeral… Yani no me quiso como una opción en vida… Ya no me necesita.

El lento y profundo suspiro que dejó escapar mi papá dijo tanto y tan poco al mismo tiempo.

⎯ Ana ⎯ llamó mi atención calmadamente.

Lo miré con el rostro ennegrecido por la pena que me acogía en ese momento.

⎯ Debes saber que nada de esto es tu culpa… Como tú dices, Yani tomó su decisión y no había nada que pudieras hacer al respecto.

⎯ Lo sé, pero no por eso duele menos.

Mi papá me abrazó, protegiéndome una vez más con sus cálidos brazos y volví a sentirme como una niña pequeña que lloraba por un raspón de rodillas, pidiendo cariño a gritos.

⎯ Lo único que necesito es entender por qué lo hizo ⎯ le dije apoyada en su regazo.

Respiré profundamente, tratando de calmarme un poco.

⎯ Tal vez cuando entienda, deje de doler.

No podía verlo, pues mi mirada estaba conectada con la rojiza madera del piso, sin embargo, pude sentir cómo mi papá asintió mientras peinaba mi cabello con una mano.

Tocaron la puerta.

Inmediatamente me levanté y comencé a secarme los ojos con los dedos, tratando de disimular inútilmente mi dolor.

⎯ Pase ⎯ respondió mi papá.

 

Siempre le dije a Yani que su padre era muy parecido a Albert Einstein, bizarramente parecido a Einstein en realidad. Su blanco cabello siempre despeinado y su gran nariz que terminaba en un botón de carne, cubriendo su canoso bigote y sus cejas mal cuidadas por encima de sus opacos ojos cafés, me hacían pensar en el hombre que superó a Newton con sus estudios, el mismo que Tesla predijo llevaría a la humanidad por el rumbo equivocado.

Como Einstein, el padre de Yani era una mezcla entre la energía positiva y la negativa, él era como el ying y el yang, con intensiones buenas que no siempre se reflejaban en el producto final de sus acciones.

⎯ Ana ⎯ me llamó Yakov.

⎯ ¿Sí?

⎯ Tengo un paquete para ti ⎯ dijo entrando en la habitación, acercándose lenta y pesadamente hacia mí.

⎯ ¿Qué es? ⎯ Pregunté dirigiendo mi atención hacia la caja que llevaba en las manos.

⎯ Son algunas cosas de Yani… Tal vez quieras quedarte con ellas.

Pude leer entre líneas y me di cuenta que lo que él realmente quiso decir fue que no podía quedarse con ellas.

Asentí.

Di dos pasos y tomé la caja de las manos de Yakov, quitándole un peso de encima, tanto literal como metafóricamente hablando.

Como pude, sonreí de medio lado.

Él sólo asintió.

⎯ Los espero abajo para ir a la iglesia ⎯ dijo antes de darse la vuelta para irse.

Aún estaba demasiado aturdida como para responder algo coherente. Mi decisión de no ir al funeral había sido tan rápida que no me había tomado un momento para pensar en cómo le comunicaría a la familia de Yani mi ausencia.

Miré a mi papá buscando apoyo, como siempre.

⎯ ¿Estás segura que no quieres ir?

Asentí.

⎯ Está bien… Haremos lo que tú quieras.

Coloqué la caja que me entregó Yakov sobre el edredón, perdiendo contacto visual con mi papá por tan sólo un momento, para luego volver a tenerlo.

⎯ ¿Quieres que les diga a Yakov y a Mila que nos vamos ya?

⎯ No. Yo lo haré.

Mis lágrimas se habían secado sobre mi piel, esa sesión de llanto con mi papá había sido liberadora. Sacar de mi pecho lo que no había atrevido a decir en voz alta en días se sintió bien y ya nada me iba a detener en ese momento, podría manejar perfectamente la reacción de los padres de Yani.

Me calcé los zapatos, decidida a bajar para hablar con ellos, llenándome de coraje con el primer y segundo paso… Y el tercero… Y todos los que le siguieron a ese.

Me apoyé en el barandal de la escalera y cuando bajé el primer escalón, un grito desgarrador me espantó.

¿Quién había gritado de tal manera? Y, sobre todo, ¿por qué?

⎯ ¡MI HIJO!

Reconocí la voz de Mila, mientras sentía la ligera brisa que sopló, cuando mi papá pasó corriendo a mi lado, bajando las escaleras desesperado y dispuesto a investigar la razón de tal chillido.

Einstein tenía razón, el tiempo es relativo y lo estaba experimentando en ese momento, más lento de lo normal.

⎯ ¡M  I    N  I  Ñ  O!

Desactivé el piloto automático al bajar las escaleras y después de curvar en la esquina, divisé a Mila completamente quebrada sobre una silla en medio del recibidor.

Yakov estaba de pie, con una mano tapando su boca y mi papá a su lado, dándole palmadas en el hombro.

¿Cuánto tiempo me había tomado bajar esas escaleras?

En mi mente sólo habían pasado unos segundos, sin embargo, la situación me decía que había sido mucho más.

 

Una eternidad.

 

Dos hombres uniformados estaban frente a ellos, murmurando sonidos que se hacían más claros a medida que me acercaba.

⎯ No sabemos todavía lo que ocasionó el siniestro ⎯ dijo uno de los hombres.

¿Siniestro?

⎯ Tenemos que esperar a que los bomberos nos den el visto bueno para inspeccionar el área.

¿Bomberos?

¿Qué estaba pasando?

Finalmente bajé el último escalón y pude apreciar bien la escena: Mila, llorando desconsolada sobre aquella silla dorada, Yakov sumido en el mutismo sin mover ni un músculo y mi papá, sacando la cara ante la situación, guiando a los hombres hacia afuera.

⎯ Soy el Comisionado Orestes Santamaría ⎯ les anunció sacando del bolsillo trasero de su pantalón la dorada lámina que lo validaba ⎯. Mejor hablemos afuera y así me informan mejor…

Ambos oficiales asintieron sin refutar la palabra de mi papá.

⎯ Papi ⎯ lo llamé antes que cerrara la puerta.

Él volteó a verme un momento, apretando los labios amargamente.

¿Qué había pasado? ¿Cómo era posible que hubiera más malas noticias?

No creo que mi papá tuviera la intensión de ignorarme, sin embargo, en ese momento esquivó mi mirada y cerró la puerta sin agregar nada.

Miré a Mila, quien no paraba de llorar amargamente, parecía que en cualquier instante se le partiría el cuerpo en dos.

⎯ Mi niño ⎯ no paraba de decir en gemidos.

Yo tenía mucho miedo de preguntar.

Yakov se acercó a su esposa y se agachó frente a ella, tomándole las manos dulce y firmemente. Él podía ser duro con Yani, pero con Anyi y Mila, la historia siempre era otra.

⎯ Vamos a resolver esto.

Mila vibraba y parecía que su corazón se saldría de su pecho en ese justo momento, después de cualquier parpadeo.

⎯ Mi niño está muerto, Yakov…

Hizo una pausa para respirar.

⎯ Mi niño… Su cuerpo… ¿Quién haría algo así?

Yakov negaba con la cabeza apoyada sobre las manos de Mila.

⎯ ¿Por qué? ¿Por qué le pasó esto a mi niño?

Aún no me atrevía a hablar y ellos parecían no haber notado mi presencia.

⎯ ¡PAPA!

Anyi entró corriendo por la puerta principal, descalza, con la ropa desarreglada, llorando desesperada. Encontró rápido refugio en los brazos de Yakov, quien la acogió apenas se levantó, dándole varios besos en la cabeza.

⎯ Yani…

Fue todo lo que Anyi dijo antes de esconderse en el pecho de su padre.

⎯ ¿Qué está pasando? ⎯ Dije finalmente.

Reconozco que no utilicé el mejor tono de voz para dirigirme a ellos, la frustración que había acumulado durante varios días fue mi guía.

⎯ Hubo un incendio ⎯ respondió Yakov sin darle muchas vueltas al asunto ⎯. El cuerpo de Yani se quemó ⎯ finalizó antes de volver a sumirse en el cabello de su hija menor.

 

Todos mis sentidos se paralizaron. Mi vista no funcionaba, mi respiración falló, mi oído entró en corto circuito, mi paladar se secó de inmediato y dejé de sentir.

Mi sangre se congeló y me convertí en una estatua, tiesa por dentro y por fuera.

Pude sentir un gran calor corriendo por mis ventas y luego frío, mucho frío, si me movía escucharía el sonido del hielo partirse en mi interior.

¿Así se sintió Yani al morir?

Impotente.

Mis ojos orbitaron de un lado a otro sin control alguno hasta el punto que no sabía hacia donde estaba viendo, de hecho, no podía ver nada.

Nada en absoluto.

La oscuridad me inundó y las llamas, como brasas que quemaban mi piel, me embistieron y entonces, volvió mi tacto y mi cuerpo se calentó nuevamente.

Esta vez se calentó demasiado.

Hiperventilaba.

Ahora tenía demasiado oxígeno, el que alimentaba las llamas y me estaba ahogando mientras me quemaba, como agua hirviendo corriendo por mi garganta, cortándome la vida.

Transición.

El choque de los elementos me consumía y debía salir de allí.

Así que corrí.

– Descarga este capítulo para conocer su final y leer el capítulo 6 –


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